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El poder de la pereza en nuestros cuerpos

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24 ago 2019 / 00:00 H.

¿Por qué nos invade la pereza cuando debemos hacer algo, pese a tener todas las intenciones? La ciencia responde esa pregunta que seguro ha dado vueltas en tu cabeza en más de una ocasión.

Un estudio, citado por BBC, expone que eso ocurre cuando nuestras intenciones sanas y los impulsos contrarios entran en conflicto.

Esto se denomina modelos de procesos dobles y se dividen en dos categorías: mecanismos racionales y mecanismos emocionales.

Los primeros son gestionados por el sistema reflexivo, mientras que los segundos por el sistema impulsivo.

Los emocionales organizan la parte automática e instintiva del comportamiento; pueden facilitar o impedir al sistema reflexivo poner en práctica las intenciones.

El poder de la pereza en nuestros cuerpos

Como parte del estudio, se realizó un prueba para medir la tendencia impulsiva de las personas a los comportamientos sedentarios y así determinar si la reflexión puede vencer a los impulsos cuando se trata de motivarse para ser más activos.

Los resultados arrojaron que los mensajes sobre salud bien formulados pueden ser eficaces para motivar una intención. Sin embargo, la intención de hacer algo no significó realmente que vayan a realizarlo: no todos los participantes lograron convertir la intención en una acción.

Asimismo, se evidenció que los participantes con una baja tendencia impulsiva a acercarse a comportamientos sedentarios lograron concretar acciones, pero los que tenían una fuerte tendencia hacia el sedentarismo no fueron capaces de transformar intenciones en actos.

Lo atractivo del mínimo esfuerzo

El poder de la pereza en nuestros cuerpos

Los académicos Boris Cheval, Matthieu Boisgontier y Philippe Sarrazin, autores del informe, citan lo que se conoce como la ley del mínimo esfuerzo, un principio según el cual el camino más fácil siempre es el más adecuado.

No intenta eliminar la dificultad ni nos anima a elegir solo tareas que sean fáciles, sino más bien en encontrar la manera de reducir el esfuerzo necesario para alcanzar un objetivo.

Se mostró como conclusión que para distanciarnos del sedentarismo, debemos alejarnos de las oportunidades generales que se nos presentan en nuestro entorno, tales como escaleras mecánicas, ascensores, autos, entre otros.

Además se necesitaría superar la atracción sedentaria que está muy arraigada en nuestro cerebro.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.extra.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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