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Rendidos ante el sexo virtual

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06 may 2020 / 09:00 H.

Pablo tiene 36 años y es dueño de un hotel, en la provincia de El Oro, que se convirtió en su casa para pasar la cuarentena. En este espacio (de gran extensión) lo acompañan tres empleados. Uno cocina, otro mantiene todo en orden y el tercero limpia la piscina de la suite presidencial que usa todos los días. También lo acompaña su esposa, pero ella se cambia de habitación cada vez que el confinamiento vuelve insoportable la convivencia.

Cuando ella cruza la puerta, él abre Tinder. En esta aplicación, que ha duplicado las descargas en Ecuador y el mundo durante el aislamiento para frenar el coronavirus, Pablo mantiene conversaciones con cinco chicas con las que hizo ‘match’ (es decir, que los dos se aprobaron o se pusieron ‘me gusta’); con cada una tiene una profesión, preocupaciones y gustos distintos. La fotografía y nombre de perfil que utiliza tampoco son reales.

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No quiere ‘desvirtualizar’ a ninguna, solo busca distraerse y lo deja claro en las conversaciones que establece. “En todos los chats, hasta en el de los panas, en el que antes reíamos con memes, ahora se habla de muertos y de virus, de pérdidas económicas y hasta de divorcios... Yo quiero entretenerme y eso es lo que hago en Tinder”, explica.

En otras circunstancias, esta herramienta le habría servido para lograr encuentros sexuales y con su perfil verdadero (ya lo ha hecho antes), pero por ahora solo busca hablar de cosas que le hagan un hueco en la cabeza. Ha estado tentado a pasar del chat a las videollamadas, pero tiene miedo de que su esposa toque la puerta. Además, sus ‘amigas’ se darían cuenta de que la cara que están viendo no es la de su hermano (sí, usa la foto de su hermano que vive en Australia, para ligar en la cuarentena).

Rendidos ante el sexo virtual

Pero Pablo no es el único en Tinder y, además, hay quienes sí usan la aplicación para satisfacer muchas necesidades. Paulina, por ejemplo, disfruta del morbo de las videollamadas y los audios subidos de tono. Ella es ecuatoriana, pero vive desde hace más de una década en Barcelona, España y allá, antes de la pandemia, usar esta aplicación para quedar con alguien era el plan de todos los viernes. Ahora, se ‘telemasturba’ escuchando a italianos o viendo a brasileños. “Yo no soy de sexo virtual y detesto la pornografía, pero hay que adaptarse al contexto”, explica.

La cuarentena ha reformulado las maneras de comunicarse en estos espacios virtuales. Ha cambiado las dinámicas de los usuarios y también ha despertado la curiosidad en aquellas personas que se negaban a participar.

Según las cifras de Badoo, otra app de citas, son ellas las que mayormente están interactuando a nivel mundial, un 25 por ciento más, mientras entre los hombres el porcentaje ha crecido en un 12 %. Mientras que Tinder el 29 de marzo alcanzó el récord histórico de deslizamientos (‘swipes’ o búsquedas de ‘match’), con más de 3 mil millones. Y no solo eso: las conversaciones diarias han aumentado en un 20 % en todo el mundo y el promedio de la duración de estos diálogos aumentó en un 25 %.

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El director ejecutivo de Tinder, Elie Seidman, ya lo dijo en su cuenta de Twitter: “una plataforma para la conexión puede desempeñar un papel importante en la incertidumbre que la COVID-19 ha introducido en nuestra vida cotidiana. Una nueva conexión puede marcar una gran diferencia. Y tener una conversación con alguien, sin importar dónde se encuentre, nos ayuda a sentirnos un poco menos solos”.

Un siguiente nivel

También Badoo ha notificado un comportamiento más romántico de sus usuarios. Los creadores de esta herramienta aseguran que luego del chat y las videollamadas, las citas virtuales sorpresa son el nuevo ‘boom’. “Pedidos sorpresa de comida a domicilio para degustarla por video chat, tomar una bebida virtual juntos o participar en juegos de mesa online”, son el siguiente nivel de las relaciones que están iniciando en la cuarentena”, aseguran.

Y hay más aplicaciones de citas, como okCupid, por ejemplo, que pide (durante la pandemia) que “las relaciones no salgan del teléfono”. Está también Grindr (app de referencia entre gais), que también invita a “mantener la distancia social”.

Y Zoom, que aunque su fin nada tiene que ver con lo sexual, ha servido para que las parejas mantengan sus relaciones sintiendo menos la distancia. Sin embargo, algunos se han pasado de tono con esta última opción, por lo que desde esta última semana ya detecta y bloquea los desnudos.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.extra.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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