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Cuando juegas con Zamorano, Aguinaga e Insúa en el mismo equipo

Ecuador ·
I
18 ene 2020 / 16:38 H.

Al chileno Iván Zamorano lo había visto cuando era el rey del Real Madrid. Álex Aguinaga fue el culpable de que compre mi primera camiseta original del Necaxa en los 90, en 25.000 sucres, una cifra sideral. Rubén Insúa es un crack con una historia rica en fútbol.

Los colombianos Freddy Rincón y Anthony de Ávila, figuras, y con ellos José Cevallos, Pato Urrutia, Francisco Aguinaga, Ariel Grazziani, y más estrellas.

La verdad, lo único que quería era tener acceso a estos astros.

Nico Issa Wagner, quien era el organizador del partido Amigos de Zamorano vs Amigos de Aguinaga, me dijo que la única manera de conseguirlo era que me incluya como jugador, no había nada más. Agregó que eso lo había consultado con varios exjugadores y le habían dicho que sí. Sentía que estaba a punto de entrar a un galaxia.

Es que yo era, y soy, lo admito, un jugador de papel. Sí, de esos que llenan la nómina o de los que sueñan por jugar aunque no les paguen nada.

Mi intención era contar la historia de tantos crack y si los del canal de televisión que iba a transmitir el partido no se daban cuenta, les hacía un Facebook live para EXTRA. Y lo conseguimos, por cierto. Estaba violando el contrato de exclusividad, pero por los lectores valía la pena, sabía que me podían sacar.

Era 27 de julio del 2018, estadio Chucho Benítez de Guayaquil. Como todo jugador disciplinado quería ser el primero en llegar, pero la verdad es que quería estar en toda jugada.

Pero comencé mal. Rubén Insúa, ahora DT de Liga de Portoviejo ya había llegado.

“Vamos a jugar, ojo, vamos a jugar. No sé qué vamos a hacer, pero debes entrar, amigo”, me dijo Insúa. Lo tomé como un buen detalle por parte del Colorado.

El camerino era una cosa de locos, todos tenían un cajón con candado y nombre. Ahí estaba Jerson Ruiz con el número 18. Nunca me había pasado, ni cuando debuté con Alfaro Moreno y Luigi Machiavello en Babahoyo.

Entrar en el uniforme ya era una meta cumplida, se sufrió pero se entró. El elástico llegaba a su límite, me molestarían luego, y la panza pedía camiseta más grande.

Cuando juegas con Zamorano, Aguinaga e Insúa en el mismo equipo

CRACK Y CRACK

Con Insúa estábamos solos, el tercer cumplido era Francisco Aguinaga, el hermano de Álex. La plena que me sentía raro, no quería meter las patas y que luego me sacaran.

Francisco, de entrada me trataba como si hubiésemos jugado toda la vida. Un tipazo, minutos después entra Álex Aguinaga. Sí, el crack que había visto toda mi vida.

El Güero estaba sentado junto a mí. Una sencillez de esas que hace que te preguntes “¿ese es el Aguinaga verídico o me mandaron el doble?

Con Álex presente llegó el resto de ídolos. Todos tenían un pasado fabuloso, era una reunión de amigos. Lo que aquí sobraba era el “¿te acuerdas de...?”.

Todo era risa, Rubén Insúa se pone una camiseta de algodón de los años 90 para hacer el calentamiento, hasta tenía unos huequitos de lo vieja. Se da cuenta de que mi mirada iba donde la camiseta ya pedía cambios y termina confesando que la usa más de 20 años y que cuando va a jugar la usa para el precalentamiento.

Llega el chileno Zamorano con una cara de alegría. Aquí los cracks que había visto se transformaron en hinchas. Le hicieron un círculo a Bam Bam, quien dice que se había comido los mejores camarones de su vida en Guayaquil, todos se ríen y le preguntan “¿solo camarones?”.

Por su parte, Ariel Grazziani, ex Emelec, expresa que los camarones de Ecuador son cosa seria y que él había comida para un año.

Cuando juegas con Zamorano, Aguinaga e Insúa en el mismo equipo

¡JUEGAS O JUEGAS!

En esta clase de partidos hay los que quieren demostrar que saben con la pelota y que por esas cosas de la vida no fueron jugadores.

La salida de los equipos a la cancha del Chucho Benítez fue una locura, el estadio estaba lleno. Sentí que las cámaras las tenía encima y era verdad, esta vez estaba del otro lado.

Voy al banco de suplentes y el teléfono estaba lleno de gráficas y vídeos. ¡No era para menos! El pana (yo) estaba con los cracks, el que no jugaba ni carnaval, al que no lo elegían ni para arquero en el barrio (yo) se vestía de jugador.

Mientras todo eso pasaba conversaban con Insúa.

Pero todos tenemos ese minuto de fama. Aguinaga me había dicho que iba a jugar en el segundo tiempo. Pensé que era broma. Estaba equivocado.

Además del uniforme y la mega comida, estaba animando con María Paz Maldonado y Diego Arcos, cuando el estadio aplaudía. Aparece Aguinaga caminando hasta la mitad de la cancha y se despedía del partido y viene una frase del 10 que nunca la olvidaré: “Jerson, entras por mí, anda arriba”.

Estaba entrando por Aguinaga. Por Álex Aguinaga y a pedido de él. Más no le podía pedir a la vida. Estuve en cancha no más de dos minutos, la “trinca” me sacaba. En todas partes pasa lo mismo.

Al final, el camerino era una cosa de locos, los cracks hablaban como se hace en cualquier calle de barrio, “era que me des el pase”. “Ya los teníamos y solo cuestión de meterla”.

Al final los cracks son como todos ustedes, gente normal y corriente, claro que hay unos que se creen los dueños del mundo, pero gracias a Dios ahí no había ninguno.

Nos vemos la próxima semana.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.extra.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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