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“Soy un guerrero de Dios”

09 ago 2018 / 00:01 H.

En los años 90 se movía en toda el área de la delantera de equipos como Macará, Delfín, Olmedo, Valdez, Santa Rita, Técnico Universitario. Iris Muñoz Gamarra hizo del fútbol una pasión. Pensaba que toda la vida trabajaría con el balón a su lado. Le había jurado amor eterno a la número cinco.

Dejó el fútbol y con los años un accidente le quitó lo que más amaba de su cuerpo, las piernas. Esas que lo habían llevado a recorrer todo el país. Las que un día hicieron que salga en los diarios. Las que corrían antes, las conservaba, pero ahora no le funcionaban.

Una silla de ruedas desde hace una década es su compañera. Los primeros tres años fueron muy duros. No sabía qué hacer. Miraba a sus vecinos jugar en la cancha. Fueron momentos realmente difíciles, donde las lágrimas y los recuerdos lo vencían. Mientras pasaba eso se desempeñaba en el comercio local.

Cuando miraba los recortes de los diarios sobre su vida deportiva se llenaba de fuerzas, pero sabía que era imposible volver a pararse en el césped.

Energía

Iris nació en Quevedo y jugó en la Liga Cantonal, D. Quevedo y Milán de la segunda categoría de esta ciudad. Es fanático de las peleas de gallos. Quienes lo vieron jugar sabían que había dejado amigos en el fútbol. Lo buscaban para que los recomiende en los entrenamientos de aquellos equipos en los que él había estado.

Un día tomó valor y dijo que todo lo que le dio el fútbol lo tenía en la mente. Se puso como meta hacer algo ya no para él, sino para los que soñaban con ser futbolistas.

“Soy un ejemplo, soy un guerrero de mi Dios, y así comencé. Claro que ha sido muy duro al inicio, pero los amigos que dejé en el fútbol me ayudaron. Me buscaron varios padres con sus hijos. Creían que los podía ayudar recomendándolos para los equipos del fútbol profesional”, expresa Iris.

Fue así cuando decidió tener una escuela de fútbol en el 2016. Al comienzo le iba bien, pero necesitaba del apoyo de alguien que esté más arriba en las divisiones menores.

Muñoz tiene mucha energía y al hablar sus ojos le brillan de las ganas y pasión que le pone al ir cada día a la cancha.

Un amigo le hizo contacto con la escuela Foot 7, de Brasil, lo ayudaron con el nombre y la forma de trabajar para que la instalará en su natal Quevedo. Ahora también tiene una en Mocache y con la ayuda de Dios seguirá avanzando.

Iris tiene dos trabajos que le fascinan. El uno es como un entrenador-psicólogo para los chicos y en el otro actúa como representante de los que son observados de equipos de primera.

“Los entrenamientos comenzaron de a poco. Muchos que no me conocían no me tenían confianza. Al pasar el tiempo la gente se enteró que Muñoz había vuelto al fútbol de esta manera y se me acercaron con sus hijos para que los entrene”, señala Muñoz, quien tiene a su lado a David Cornejo, un entrenador que estuvo 10 años en Argentina. Es su mano derecha y hace el trabajo de campo. A él se suma José Pinillo en la parte física.

Un día de trabajo

Fuimos en busca de Muñoz que entrena en Quevedo, pero ese día le tocaba ir hasta el cantón Mocache. Con el entrenador Cornejo suben los instrumentos de trabajo en un taxi. Doblan la silla de ruedas que va en la cajuela. El viaje dura unos 25 minutos.

El carro entra hasta la cancha de la Liga Cantonal. Los chicos van llegando. Ellos ayudan a bajar las cosas junto a Gregorio Zambrano que es el conductor. “Profe, buenas tardes” le dice un joven que sueña algún día con estar en la Foot 7, como lo hicieron varios que fueron al fútbol de Bolivia y Chile a probar suerte.

Iris tiene un humor increíble, siempre está con una sonrisa. Una madre aparece en la cancha para decirle que ese día no puede ir su hijo a entrenar porque amaneció enfermo.

El profesor Cornejo nos dice: “Es motivante verlo trabajar. Él fue un jugador y le gustaría que estos muchachos también brillen. En su condición le pone muchas ganas a lo que hace y lo más destacable son sus ganas de superación. De darle la mano a los demás”.

Por ellos

Iris cuenta que estuvo cerca de ir a jugar a Colombia y Venezuela, pero el tema del pase no se hizo realidad. Ahora ve la vida de una manera distinta.

“Cuando uno es joven sueña con ser jugador de fútbol. Gracias a Dios pude salir de mi querido Quevedo y jugar en varios equipos. Ahora lo único que anhelo es que estos chicos puedan tener la oportunidad de ser observados fuera y que si uno llega al fútbol profesional sería el hombre más feliz. Dios sabe cómo hace las cosas, seguro que si no me pasaba el accidente no estaría haciendo esto”, expresa Muñoz, de 47 años, quien ha tenido contactos con gente del fútbol de Europa que se han enterado del trabajo que hace y de la historia de vida que tiene. Le gustaría que los que le pueden darle la mano con instrumentos para su escuela lo hagan.

El balón comienza a rodar. “Dale, dale, vamos muchachos que este es el comienzo” les dice Muñoz. Les da recomendaciones como exjugador. Iris se mueve de un lado a otro. Le da gracias a Dios porque, a pesar de su problema de movilidad, sigue unido a la coqueta pelota que conoció y es su pasión de por vida.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.extra.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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