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Jefferson Montero: el chofer, el terremoto y el encebollado

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25 ene 2020 / 15:31 H.

Hay notas periodísticas que se quedan grabadas para siempre, pero a base de lágrimas y sonrisas. Lo que contaré demostrará, una vez más, que valió la pena ser periodista, porque serví para darle la mano al prójimo. Ojo, no es que di algo material, fue solo tiempo.

El terremoto del 16 de abril de 2016, en Manabí, fue el termómetro para ver la calidad de personas que son los futbolistas. No son pocas las ocasiones en que se tiene la imagen de que se trata de muchachos superficiales y que solo se concentran en el deporte y las cámaras (por si quieren salir frente a ellas o simplemente esquivarlas). Sin embargo, en el drama nacional generado por ese sismo muchos derribaron ese estereotipo.

Las noticias de lo que pasaba en Manta estaban en todo el mundo. Aquellos días las páginas de EXTRA estaban llenas de drama, angustia, necesidades, de gente que necesitaba que le den la mano.

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Una llamada desde Swansea, Inglaterra, nos llamó la atención. Era Jefferson Montero, futbolista en ese entonces del Swansea City, quien nos decía: “¿Don Jerson, la cosa es tan fuerte como se ve en la televisión? Cuente todo”. Mi respuesta fue que espere un minuto, que le iba a mandar todas las fotos tomadas en Manabí, que estaba en el diario. No demoró en replicar.

“Dios mío, hay que hacer algo, pero ya. Necesito de su ayuda urgente”, me dijo. Pero, ¿en que podía ayudar yo?

Lo que quería Jeff era que le explique en un video lo que estaba pasando en Ecuador. Las imágenes se las mostraría a la gran jefa de toda la logística de los uniformes del Swansea City.

Minutos después, la inglesa me contesta y Montero servía de traductor, lo que ella decía era algo así: “Amigo, abrazo a la gente de Ecuador, sé que Jefferson tiene algo en su corazón, y también le vamos a dar la mano nosotros con uniformes del equipo”.

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¿Qué íbamos a hacer? ¿Cómo? No tenía idea hasta ese momento. Horas más tarde, Jefferson me decía que le consiga un refugio en Manta, que iba a ir a visitarlos, pero que no le diga a nadie para que no exista desorden. Todo con perfil bajo.

Al inicio quería armar fundas de comida, pero eso involucraba que debía de llevar una camioneta, una logística más compleja. Al final dijo que primero era llegar a Ecuador y el resto lo solucionábamos en el terreno.

Jefferson Montero se manda 14 horas desde Swansea a Guayaquil. Llegó un lunes 16 de mayo del 2016 a las 19:45, porque venía a concentrarse con la Selección de Ecuador para la Copa América. A las 20:00 nos llama y dice: “Don Jerson, todo bien, ponga la alarma que a las 02:10 nos vamos a Manta”, la idea era llegar antes de que amanezca.

A Jeff no le importó el cansancio del largo viaje, tampoco las dos horas que apenas había dormido. Son las 02:00 y estamos listos para emprender el viaje a Manta.

Sacó de su casa tres maletas gigantes. ¿Qué tenían? Eran camisetas, buzos, pantalonetas, todo de la marca Adidas, del Swansea City, y una funda de plástico llena de tarjetas para poder cambiarlas por comida en Manta.

Jefferson Montero: el chofer, el terremoto y el encebollado
En las carpas del canchón del barrio Santa Fe de Manta.

DE VIAJE

Jaime Leime, debía ser el conductor, pero Montero era quien iba manejando. Sonia Alvarado, la esposa de Jeff, nos acompañaba y Jimmy Floreano estaba con su cámara.

Las dos horas y pico que duro el trayecto desolado de viaje fueron poco para las conversaciones de la vida. El destino final era un canchón del barrio Santa Fe, en Manta.

Son las 05:30 de la mañana, llegamos al refugio. Había 61 carpas pequeñas, en cada una de ella estaban más de cuatro personas. Nadie sabía que íbamos.

Ahora se veía la verdad.

Todos dormían, los únicos despiertos a esa hora eran Arturo Alvarado y José Pacheco los guardias de turno.

Se sorprendieron del carrazo, le explicamos a qué habíamos llegado.

Veían a Montero, le daban la vuelta observando y nos preguntaban en voz baja: “Amigo, ‘el man es Montero, el pana que juega Inglaterra? Nadie nos dijo que iba a venir”.

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BUEN DÍA

Estábamos en una lucha contra el tiempo, no queríamos que se aglutinara la gente que no era de ese sector, porque los obsequios eran para quienes lo necesitaban.

¿Y cómo hicimos? Sacamos las camisetas, buzos y toda la ropa, Montero y Sonia iban abriendo las pequeñas carpas donde estaban los sobrevivientes que lo habían perdido todo y el futbolista y su esposa les decían: “Buen día, disculpe que lo levantemos, esto era para ustedes”. La gente se quedaba sorprendida.

Minutos pasaron y al final todos estaban despiertos, las historias que contaban sacaban lágrimas, en especial la de la señora que nos dijo que había perdido a su hija de cuatro años, eso fue durísimo. Nos contó cómo fue, nos quedamos fríos, la abrazamos a la señora.

En el centro del refugio hicimos como una cancha, todos los chicos tenían la camiseta blanca del equipo inglés: “Es la camiseta original, está bacansísima, la plena que es la propia”, expresaba Carlitos, un pequeño de 11 años que deseaba ser jugador de fútbol.

El concurso fue rápido, también se dieron premios. Iban a ser las 07:00, se corrió la voz de que Montero estaba en el lugar, era hora de salir. Las maletas y tarjetas estaban en buenas manos.

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A COMER ENCEBOLLADO

“Yo sé lo que es no tener nada”, nos decía el jugador. Aquella frase hizo que nos quedemos en silencio.

Pero era hora de desayunar. “A ver, don Jerson, usted que conoce, quiero un lugar de esos pepas, tiene que ser encebollado, con doble porción de chifle, pero nada de 5 o 4 estrellas”, dijo Jefferson. Entendía el mensaje y fuimos a un redondel de Manta, cerca de la Termimal terrestre.

Era de caña, piso de tierra... el encebollado estaba listo. “Aquí puedes comer de lo más tranquilo, nadie te conoce”, le habíamos dicho, pero resultó siendo una mentira. Ni bien terminó el plato que costaba $ 1 se dieron cuenta de que era Montero, el del Swansea City, el del gol que nos llevó al Mundial de Brasil 2014. Sí, ‘La Turbina’, como le dicen, que esta vez dejó la pelota y se acordó de la gente del terremoto.

Jefferson Montero: el chofer, el terremoto y el encebollado
Al final un encebollado para la mala noche.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.extra.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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