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Mi vecino el “Patucho” Rigoberto

Aunque han pasado más de 35 años, aún recuerdo el nombre de cada uno de ellos. Pero hay uno en especial, el de mi vecino Rigoberto Castro Sánchez.

Por lo general, la gente siempre dice que la mejor época es la del colegio, puede ser. Para mí, la mejor fue la que pasé con los amigos de mi barrio, en el sur de la ciudad. Vivíamos exactamente a espaldas del estadio Capwell. Era un sector donde predominaban las casas mixtas (paredes de cemento con piso de madera).

Todos nos conocíamos. Unos nacimos ahí, otros llegaron muy pequeños. Con el paso de los años, formamos un grupo muy unido. Compartíamos penas, alegrías, íbamos juntos al cine, a los bailes organizados, esto último era posible, cuando mi abuela nos daba permiso a mis primas y a mí. Hablábamos de los últimos éxitos musicales ochenteros, de la ropa de moda y otras tonterías de adolescentes.

No faltó uno que otro romance que era guardado en secreto, porque aún no estábamos en edad para “pensar en eso”, decían nuestros padres. Aunque han pasado más de 35 años, aún recuerdo el nombre de cada uno de ellos. Pero hay uno en especial, el de mi vecino Rigoberto Castro Sánchez.

Un joven de baja estatura y de prominentes mejillas a quien en el barrio bautizaron como “El cachetón”. Era fanático de la buena ropa que en ese tiempo se vendía en el desaparecido Centro Comercial La Merced, así como de las motos de carrera. Las manejaba como todo un profesional. Una vez cerró las calles, al pie de su casa, para que viéramos su espectáculo de saltar de una rampa a otra.

Cierto día de carnaval, Rigoberto me mojó con el agua de un balde, pese a los ruegos de que me castigarían. Solía visitarme y en una de esas idas se me declaró, pero no lo acepté. En casa me prohibieron su amistad. Aunque nunca me quisieron dar una explicación, luego supe las razones. Estaba metido en una banda de asaltantes de bancos. Él era quien manejaba los carros y las motos. Su nombre estaba, casi todos los días, en la sección de crónica roja de todos los diarios del país. Su alias era “El Patucho” Rigoberto.

Ahora pienso que fue mejor así, de esa manera sus amigos de barrio podríamos guardar los buenos recuerdos que tuvimos con “El Cachetón”. Años después, la madrugada del 19 de octubre de 1990, Rigoberto cae sin vida durante una balacera. Su muerte al igual que sus actividades ilícitas fueron noticia de portada, principalmente en diario Extra, medio al que entré cinco meses después.