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Ivonne Lago, editora de Dominguero

Tres días en poder de “Makanaki”

Gracias a la acuciosidad de ambas mujeres me enteré de que “Makanaki” era de raza afro, había sido perseguido, desnudado y golpeado brutalmente por varios compañeros de infortunio, quienes desaprobaron su accionar.

La cita fue a las 8 de la mañana. Las autoridades de la Penitenciaría de Guayaquil, darían una rueda de prensa. Mientras esperábamos, el fotógrafo y yo, junto al “inviolable” portón de entrada, la orden para ingresar, escuché a las dos guías afrodescendientes, encargadas de recoger las credenciales, hablar de “Makanaki”, un preso quien la noche anterior ‘había alquilado’, en dos dólares (una fortuna dentro de la cárcel), a la mujer de otro privado de libertad.

A medida que conversaban, yo iba anotando todo en mi cabeza. Pero, faltaba un dato, el principal, saber en cuál de los pabellones estaba el preso, el resto me encargaría de averigüarlo adentro. Para mi buena suerte, las celadoras no paraban de hablar. Al parecer, esa noticia era la comidilla, el chisme caliente, dentro del reclusorio.

Gracias a la acuciosidad de ambas mujeres me enteré de que “Makanaki” era de raza afro, había sido perseguido, desnudado y golpeado brutalmente por varios compañeros de infortunio, quienes desaprobaron su accionar. Para salvarle la vida, los guardias lo aislaron en el policlínico, porque los reos se la tenían “jurada”.

Cuando finalmente pudimos entrar al recinto carcelario, lo primero que hice fue dirigirme al policlínico y pedirle al fotógrafo que hiciera, lo más rápido posible, las gráficas de aquel sujeto desnudo, que gemía del dolor. Mientras el resto de periodistas atendía la rueda de prensa, yo me dediqué a recoger toda la información con la que armé dos páginas contando la sórdida historia, una más de las ocurridas dentro del mal llamado y desaparecido Centro de Rehabilitación Social de Guayaquil.

En la nota conté como la víctima entró un miércoles temprano a la Penitenciaría para ir a visitar a su esposo detenido. Al no encontrar el pabellón donde lo habían cambiado, le pidió ayuda al primer preso que se le cruzó en el camino, “Makanaki”, quien en lugar de guiarla a la celda deseada, la metió a la de él. Ahí la violó durante varias horas. Ya cansado, se la alquiló “al culón”, otro preso con quien compartía el pequeño cuarto. La mujer fue localizada al tercer día en poder de los sujetos, luego de que su esposo y sus familiares denunciaran su desaparición. La noticia fue publicada en los otros medios, dos días después, cuando las autoridades penitenciarias emitieron un oficio revelando el caso.