Los dramáticos testimonios de comerciantes de la Bahía luego del incendio: "Parece un desierto"
Judith Cabezas junto con su esposo, ambos adultos mayores, se preocupan por la poca cantidad de ventas a pesar de no encontrarse en la zona del Multicomercio

William no tiene la misma cantidad de ventas que antes del incendio.
Los comerciantes de la calle Eloy Alfaro, en los alrededores del edificio Multicomercio, construcción que sufrió las consecuencias de un incendio de alarma 3 el pasado 11 de febrero, ven el día y la noche pasar sin clientes que lleguen a sus aceras y, a veces, hasta sin monedas que entren a sus bolsillos.
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Ellos caminan con indiferencia a pesar de las ofertas que ellos hacen porque los únicos que por allí transitan son otros emprendedores que llegan a su lugar de trabajo o se retiran a sus residencias. Camisetas, relojes, motos eléctricas, cosméticos, caramelos, calzado y hasta artículos para animales de compañía resaltan en las veredas sin que nadie se detenga para hacer negocio.
Estas son las historias de los comerciantes: Ventas bajas, pocos clientes
Joel Zárraga, socio de un negocio de motos eléctricas ubicado en Eloy Alfaro entre Brasil y Gómez Rendón, afirma ser uno más de los perjudicados por la tragedia que provocó el colapso de la construcción de 11 pisos y más de una semana de labores de bomberos.
“No estamos dentro de la zona en la que no nos permiten trabajar, pero es como si sí lo hicieran porque nuestras ventas han bajado, al menos, en un 90% y no termina siendo sostenible”, explica el joven, cuyo negocio está en sociedad con uno de sus familiares.
Él sostiene que entre su pariente y él se ‘reparten’ las preocupaciones pues no han generado la cantidad mínima de dinero para pagar el alquiler del local que lleva unos pocos años en funcionamiento. “Hay que pagar el arriendo, los servicios básicos y otros gastos mínimos sin el ingreso regualar como había antes de la tragedia: al día vendíamos unas seis motos. Ahora, no llegamos ni a una; lo único que se mueve son accesorios pequeñitos que no representan mucho”, confiesa.

La calle Eloy Alfaro, que usualmente estaba llena de vehículos y peatones, no registra el mismo movimiento.
William Sancan, comerciante informal que se establece en la misma calle Eloy Alfaro y su intersección con la calle Capitán Nájera, en los linderos con la Bahía de Guayaquil, atraviesa el mismo drama que Joel: ‘mata’ el día conversando con las estilistas de la peluquería que está al lado de su puesto.
Él asegura que toda la mercadería que había adquirido para vender en los días previos al San Valentín y al feriado de carnaval está “intacta” ya que, por su ‘metro cuadrado’, tampoco camina nadie. “Es preocupante. Recién este lunes o martes se regularizó el paso peatonal a partir de la calle Capitán Nájera (en sentido sur - norte) y por eso se ve más movimiento en esta tarde, mas eso no garantiza que vendamos”, comenta el hombre que, con cara de desesperanza, estaba por terminar su tarde de trabajo.
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¿Cuál es la solución para el decrecimiento de ventas en La Bahía?
Así como ellos dos, Judith Cabezas, mujer de la tercera edad, sufre por el arriendo y por que aún no logra cubrir sus gastos y los de su esposo, otro adulto mayor.
“Los que caminan por aquí son ‘compañeros’ de la Bahía mismo o que tienen bodegas, parece un desierto. Ya ni nuestros clientes de años llegan y peor los que buscan algo ocasionalmente. Nosotros nos morimos de pena de ver a nuestros amigos, los chinos u otros comerciantes, sufrir por haberlo perdido todo en el incendio”, dice entre lágrimas la mujer mientras ve la vereda vacía, situación atípica en el sector.
Su esposo, en cambio, pide intervención de las autoridades para hallarle solución al problema, ya que ni ellos ni ningún otro comerciante está dispuesto a quedar mal con los bancos, proveedores y personal.

El esposo de Judith Cabezas propone que se realice la demolición lo más pronto posible.
“Lo que deben apurar es la demolición de esa estructura. No puede ser posible que suframos pérdidas por muchos meses: nuestros bolsillos no dan para eso. ¡Estamos hablando de una arteria principal en la ciudad!”, concluyó el hombre.
Joel, William y Judith culminan su jornada antes de tiempo pues ni los esfuerzos ni las ofertas ayudan a ganar un centavo más.
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