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Columnas: En la casa y en la mesa se ve la riqueza

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15 jun 2019 / 00:00 H.

    La verdadera riqueza de una familia ecuatoriana se siente en la mesa; el tiempo que un trabajador puede pasar en su hogar, con su familia o haciendo las cosas que le gustan muestra el valor de su trabajo, del pago y de las condiciones que recibe.

    La reforma laboral tiene amigos y detractores. Por su parte, los empleados tienen miedo. Y es normal que sientan temor ante una historia de incumplimientos.

    Muchas veces se han prometido mejoras a los trabajadores, pero al final ellos han sido los perjudicados. Proteger la estructura empresarial y competitiva del país es necesario; pero no puede hacerse a costa de la gente. Hay que generar empleo sin apoyar la explotación; mejorar las condiciones laborales, pero no en contra de las condiciones familiares; proteger la empresa privada, pero cuidando la familia. Que la reforma laboral no busque la fiebre en las sábanas. Si el diagnóstico es errado, las soluciones serán erradas. No nos hagamos autogoles.

    Tomemos un referente de cifras oficiales: según el INEC, el empleo pleno cayó en un 2,6 % desde 2007 a 2018. A diciembre de 2018 la cifra de ecuatorianos con empleo pleno era de 3,2 millones de personas, mientras que esa cifra para 2014 llegó hasta 3,5.

    Preguntémonos entonces cuáles son las medidas para garantizar la estabilidad y crecimiento de los empleos. Mejorar el empleo no es lo mismo que implementar acciones efectistas sin la seguridad de su impacto real en la casa y en la mesa de los trabajadores. Proteger el empleo; no aumentar el riesgo o la facilidad de perderlo. Un Ecuador con conciencia laboral y social es lo que necesitamos.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.extra.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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