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Columnas: Palos de ciego

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21 may 2019 / 00:00 H.

    Hay pesar nacional por el deceso del preclaro ecuatoriano Julio César Trujillo, de 88 años de edad, quien se entregó -hasta el último día- a defender la vigencia de la plena democracia en el país, algo que ciertas agrupaciones jóvenes de todas las tendencias “se han olvidado” de cumplir desde hace fúúú.

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    Pese a la diabetes y más problemas de salud, Trujillo mantuvo su patriótica labor contra la corrupción, y recibió insultos del expresidente Correa y hasta la orden de encarcelamiento para él y los demás integrantes de la Junta Anti-Corrupción, del entonces contralor Carlos Pólit, acusándolos de “calumniadores”. La reacción nacional fue tal, que pocos días después Pólit tuvo que dar contraorden...

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    Trujillo era diabético e hipertenso, y sus médicos le habían aconsejado que, a su edad, mejor evite contrariedades... Pero para él eso era difícil de cumplir. Y cuando unos furibundos correístas le gritaron públicamente “viejo ladrón, devuelve lo robado”, Trujillo reaccionó y les respondió “me pueden gritar viejo, pero no ladrón”.

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    Pero lo que más indignó a Trujillo fue que le arrojaron un huevo que le ensució la espalda, ante lo cual sus acompañantes le pidieron que mejor se retirara. Sin embargo, su indignación debe haber sido el principal motivo del derrame cerebral que sufrió pocas horas después, y su fallecimiento el domingo último.

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    Dirigentes correistas han insistido en que Trujillo recibió su merecido. Y similares comentarios torpes e indignantes han emitido otras figuras del régimen anterior, y hasta conocidos legisladores del correato, quienes disfrutaron de la tal “década ganada”...

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