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Editorial: El diésel de la paz con los transportistas

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12 ene 2019 / 00:00 H.

    “Resolvemos y aceptamos el Decreto 632”. Hablaron los transportistas del país para resumir así la postura de un sector que, al comienzo de un nuevo año, había lanzado al actual Gobierno su amenaza de paros por el alza de los combustibles. Días negros se advertían ante un gremio que se considera capaz de hacer temblar al país y que fuera aliado del correísmo, década en la que vivió feliz.

    Pero le tocaron el bolsillo. La decisión de reducir los subsidios a los combustibles a fin de generar un ahorro al Fisco entre 300 y 400 millones de dólares al año generó un encontronazo con los transportistas. Subieron las gasolinas extra y eco y, unos meses antes, había pasado lo mismo con la súper.

    Las compensaciones no gustaron a muchos, pues ¿por qué subsidiar un negocio, como el taxismo que es privado, para lucro personal de quienes ejercen este oficio? Pero eso calmó a los taxistas.

    Lo peor vino cuando se comenzó a hablar del diésel. La intocable transportación pública y sus amenazas tuvieron su efecto. Felicidad para todos: los transportistas, porque no subirá ese tipo combustible; el Gobierno que se salvó de las protestas; y el ciudadano común espera también ser feliz, porque sobre este cargarían finalmente el peso del alza en el pasaje, aunque ya no hay pretextos para especulación alguna.

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