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Familiares lloran a las víctimas del accidente en la vía Yaguachi - Milagro
El accidente registrado la noche del viernes 13 de enero en la vía Guayaquil – Babahoyo, en el tramo Yaguachi – T de Milagro, además de 20 víctimas mortales dejó desolación y profunda tristeza en los deudos
El accidente registrado la noche del viernes 13 de enero en la vía Guayaquil – Babahoyo, en el tramo Yaguachi – T de Milagro, además de 20 víctimas mortales dejó desolación y profunda tristeza en los deudos. El mismo se ha convertido en la mayor tragedia vial en lo que va del 2017 en nuestro país.
Máximo Castro perdió a dos de sus tres hijos que viajaban a bordo del expreso escolar, en el que viajaban los integrantes de un grupo religioso de la ciudad de Guayaquil.
Pese a la tragedia, el hombre lucía tranquilo, aunque triste. “Dios me está dando fuerzas para soportar este dolor” decía Castro, en los exteriores de la morgue milagreña.
El padre de familia contó que sus hijas fallecidas Esther y Dévora, ambas de 16 años, salieron contentas de su vivienda en compañía de un tercer hijo, Isaac, de 17, para juntos asistir al retiro espiritual. Los jóvenes llevaban alrededor de 4 años de pertenecer al grupo. Hasta la madrugada del sábado, Isaac era uno de los sobrevivientes y había sido trasladado hasta el hospital Luis Vernaza, de Guayaquil, confirmó su propio padre.
Máximo también perdió a su cuñada, Leidy Burgos, quien viajaba también en el expreso escolar junto a sus 3 hijos y el resto de integrantes del grupo católico.
Los gritos de dolor y los abrazos en los exteriores de la morgue eran cosa de cada segundo. Marli Verdesoto caminaba por los exteriores del anfiteatro, apesadumbrada por la muerte de su hermano, Julio Verdesoto, de 39 años, conductor del expreso que llevaba a los religiosos. “Mi ñaño viajaba con su esposa, Elena Camacho, ella está herida” indicó entre sollozos Marli.
La historia de María Magdalena Abarca era similar o quizás peor que la del resto de personas que perdieron a sus seres queridos. Ella perdió a su nieta Rafaella Tite, de 4 años, y a sus hijos Israel Izquierdo y Juliana Izquierdo, de 17 y 26 años, respectivamente, también integrantes del grupo católico.
Al dolor de María Magdalena se sumaba la incertidumbre de no saber si su esposo, Benito Izquierdo Cedillo, quien también viajaba rumbo al retiro espiritual, estaba o no entre los fallecidos. “No sé nada de él, no sé si estará herido” decía la señora, cuando el reloj marcaba las 02:00 de la madrugada del sábado.