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La magia de las velas acompañó la serenata en honor a Morenica del Rosario

Fueron unos quince mil feligreses que acompañaron al encendido de unos 10 faroles para rendir homenaje a la Virgen, ´la Reina de Cuenca y del Azuay´.

Imagen Luces cuenca

La magia de las velas se unió a la espiritualidad de los cuencanos. Fue durante la serenata a la ´Morenica del Rosario´ que este viernes 8 de diciembre cumple 87 de su coronación.

Fueron unos quince mil feligreses que acompañaron al encendido de unos 10 faroles para rendir homenaje a la Virgen, ´la Reina de Cuenca y del Azuay´.

Los faroles colocados en el piso de la plazoleta Juan Bautista Vázquez, al pie de la iglesia de Santo Domingo, formaron la alegoría de la imagen de la Virgen y dos cúpulas, diseñadas por estudiantes de la facultad de diseño de la Universidad del Azuay, dirigidos por el artista independiente Johnatan Ortega.

“Hermoso, bello, mágico” fueron las expresiones de Juan Matute, quien, junto a su esposa y cuatro hijos menores, se ubicaron en una de las esquinas de la plazoleta.

A unos 10 metros estaba Manuel Méndez, un hombre de 96 años que dijo recordar su niñez. El año de 1933, cuando “todo Cuenca se volcó a esta plazoleta para festejar los tres años de la coronación de la Virgen, y han debido pasar 84 años para volver a ver a tanta gente” adujo el longevo.

Es que las luces brillaron en el corazón de Cuenca como parte de los actos religiosos con los cuales los devotos repasan la coronación de la imagen ocurrida un 8 de diciembre de 1930.

La efigie lucía un vestido blanco y una capa con bordados en hilo de oro en lo más alto del altar mayor.

La vestimenta “fue elaborada por las religiosas del Instituto Pérez Pallares de Quito, hace 80 años”, anotó Hernán Pacurucu, seglar de la congregación de los dominicos. “Es una joya” opinó.

Historia

La coronación de la imagen como ‘Reina de Cuenca y del Azuay’, tuvo lugar en 1933, en la avenida Fray Vicente Solano, con la presencia de algo más de 65 mil feligreses.

Fue un poco después en que concluyó la construcción de la basílica de Santo Domingo, donde se venera a la advocación.

Fue el obispo de Cuenca de aquel entonces, Daniel Hermida, quien colocó en las sienes de la Virgen una corona de oro de 18 quilates y pedrería, donada por el pueblo azuayo.

Las piedras preciosas, entre ellas rubíes, fueron traídas por los orfebres morlacos desde Europa gracias a la colaboración de matronas cuencanas y familias que donaron dinero.

Durante el acto cumplido la noche del jueves, hubo también serenata a cargo del grupo la Cigarra y el coro Santa Catalina, para concluir pasadas las 22h00 del jueves 7 de diciembre, luego de una misa presidida por el arzobispo de Cuenca, Marcos Pérez con asistencia de las autoridades de Cuenca y de los Dominicos a nivel nacional.