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Diario Extra Ecuador

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La ruta de los libros de segunda mano

Si busca publicaciones baratas de segunda mano, debe recorrer esta ruta céntrica y poblada por libreros populares a cargo de locales y tendidos callejeros

Atrapado entre libros. Manuel Fabara heredó el negocio de su padre.

Atrapado entre libros. Manuel Fabara heredó el negocio de su padre.Amelia Andrade / Expreso

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Ferny Páez, boxeador noqueado por los libros. Lo que más le gustaba era pelear en el ring, pero ahora disfruta comprando textos usados para ofrecerlos en su librería popular que no tiene nombre. En 4 metros de ancho por 11 de fondo alberga miles y miles de libros y revistas.

Casi todos los días llegan ejemplares que compra a carretilleros ambulantes. Afuera, en cartones, sacos y formando rumas están los recién adquiridos. Son tantos que se han tomado el local y Páez prácticamente debe escalar ese cerro de libros.

“Un libro de quince, aquí lo consigue en dos dólares”, asegura Ferny Páez Micolta, guayaquileño de 56 años que como boxeador amateur fue campeón de novatos, tres veces campeón nacional y en dos ocasiones vicecampeón latinoamericano, pero cuando incursionó en el profesionalismo se dio cuenta de que no había futuro. Pensando en su familia se bajó del ring y se dedicó al negocio de los libros.

“Aquí la variedad es inmensa: hay libros para escuela, colegio y universidad, además de obras literarias a precios económicos ahora que la situación es apremiante”.

Nombra entre sus clientes a escritores como el desaparecido Carlos Calderón Chico, Willington Paredes, Bolívar Moreano, entre otros. Asegura que no ha abandonado totalmente el deporte de los puños, ya que por las noches en un gimnasio de la Alborada entrena a muchachos que desean aprender box.

La tradición de los Fabara

Desde sus 15 años Manuel Fabara frecuentó la librería de su padre, el legendario librero popular Luis Fabara, más conocido como Luchito, quien en los años cincuenta en un local del Mercado Central compraba y vendía textos como Álgebra y Aritmética de Baldor y Matemáticas de Repetto.

“Se me pegó la tradición y aquí me tienes”, expresa Fabara, quien desde sus 15 años quedó atrapado entre las páginas de los libros.

En su local lo que más vende son textos escolares y libros de autoayuda. Cuando el Mercado Central se transformó, abrió su actual librería. Cuenta que sus antiguos compañeros libreros ahora venden libros en las ferias de Ambato, Cuenca, Riobamba, Latacunga, etc. “Van y vienen, ahora ese es su destino”, sentencia.

Andaluz, popular y espiritual

Trece años atrás, Javier Campoverde abrió su librería popular con unos cincuenta libros. Actualmente tiene miles. Es su primer y único negocio, pero lo empezó impulsado por sus lecturas de relaciones humanas y enigmas. En Andaluz es posible adquirir por medio dólar aquellos ejemplares que en las librerías de los centros comerciales cuestan más. “Si veo que alguien necesita un libro pero no tiene dinero, se lo puedo obsequiar.”

Lo interesante es que su librería ofrece un servicio de biblioteca. Se puede consultar el libro. “No cobro por la leída, pero gano amistades”. Además brinda a los visitantes consejos de autoestima, de tipo legal, sobre negocios, psicología, etc.

“Los consejos son gratuitos”, aclara y recomienda leer la Sagrada Biblia.

Héctor Cali, librero por herencia

Por sus venas no corre sangre sino tinta, aquella de los libros. Es lo que le sucede a Héctor Cali Jara, librero popular de cepa. Unos le dicen Alipio, otros el Rojo como a su hermano mayor ya fallecido, que vendía y hasta alquilaba libros, textos y revistas. Ese novedoso sistema convocaba a padres de familia, catedráticos, escritores y estudiantes. El Rojo era todo un personaje. Vivía y trabajaba rodeado por unos 25.000 textos almacenados en dos amplias bodegas, pero él jamás ni siquiera ojeaba un libro, solamente leía periódicos. En casa de herrero, cuchara de palo.

El Rojo murió en enero del 2017, la diabetes lo fue consumiendo. Con pesar lo evoca su hermano Héctor, quien resucitó a la librería Nuevos Horizontes, que ofrece libros a partir de un dólar.

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