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No se dejó violar

Un detenido habría confesado haberle quitado la vida. El crimen ocurrió en Piganta, parroquia Atahualpa, noroccidente de Quito.

Foto de Sistema Granasa
Los parientes de la muchacha la miraban por última vez un día antes del sepelio.Hamilton López y Gustavo Guamán / EXTRA

Sara Almeida no levantaba la mirada mientras pelaba papas con un cuchillo. Ella preparaba la comida para los vecinos y parientes que la acompañaron en el velorio de su última hija, Liliana Flores.

El féretro llegó a la escuela de Piganta, un barrio de la parroquia Atahualpa, al noroccidente de Quito, en medio de la sorpresa e indignación de los moradores. El martes, la muchacha, de 27 años, fue hallada en un terreno baldío con la cabeza destrozada y su cuerpo calcinado.

El sospechoso, David Bermeo, fue encontrado en su casa en el mismo barrio, por los gendarmes que se hicieron cargo del caso del presunto femicidio. “Ya confesó, y sin problema había dicho que la mató porque no se dejó violar”, dijo Rosa Flores, tía de la víctima.

Según los familiares, el sospechoso de la muerte es un primo lejano de Liliana, quien supuestamente sacó gasolina de su motocicleta para prenderle fuego a la mujer cuando aún estaba con vida. Todo esto ocurrió luego de que ella asistiera a una misa en la iglesia de Atahualpa, por las festividades navideñas.

“El papá vio humo en ese terreno, pero nunca imaginó que estaban quemando a su hija. Se fue a ordeñar las vacas”, contó Mariela Morales, otra tía de Liliana

De regreso se encontró con la macabra escena y aunque pensó que era otra chica sobre el césped, uno de sus zapatos le confirmó que era Liliana. Entonces avisó a la familia.

“Posiblemente este hombre quiso desaparecer el cuerpo y por eso la quemó después de golpearla con un madero en la cabeza”, expresó Mariela.

La gente llegaba poco a poco para despedir a la mujer que deja en la orfandad a un niño, de 9 años.

En marzo próximo, ella se iba a graduar de bachiller en un programa de educación tardía.

Se levantaba a la madrugada para ordeñar las vacas, volvía a su casa para cuidar de su pequeño y luego bajaba al centro de la parroquia para sus clases. “No tenía problemas con nadie”.

“Ella era buena para el estudio. Quién sabe, hubiera podido seguir la universidad” aseveró Sara, la madre de la víctima y quien se hará cargo del pequeño, quien aún no se percata de la tragedia y jugaba en los alrededores del velorio.

El sepelio se realizará hoy, a las 13:00, en el Cementerio General de Atahualpa, luego de la misa. “Esto no puede quedar en la impunidad, mi hija no es un animalito para además dejarle botando en el terreno”, manifestó Sara mirando a su nieto. (DMA)