“Están hablando mal de los posorjeños”

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“Están hablando mal de los posorjeños”

Policía que estuvo en la upc cuando llegó la turba enardecida recordó lo sucedido. El presidente de la parroquia dice que pasan por un momento de meditación.

Foto de Sistema Granasa
La turba también incendió el vehículo en el que se transportaban los sospechosos.Néstor Mendoza / EXTRA

Lo que pasó el martes 16 de octubre en Posorja, la policía Verónica (nombre protegido) solo lo había visto en las películas. Prefiere mantenerse en el anonimato, pero es una de los agentes que trataron de calmar a la turba enardecida que asesinó a tres personas aquel día en esa parroquia de Guayaquil.

La uniformada, de 30 años, tenía turno hasta las 15:00, pero fue sorprendida por la muchedumbre que llegó hasta la Unidad de Policía Comunitaria de ese sector a hacer justicia por mano propia. Ellos pensaban que los dos hombres y una mujer que estaban allí detenidos eran supuestos secuestradores de niños.

Los moretones, rasguños y el dolor en brazos y piernas aún le recuerdan lo ocurrido. Recuerda que cayó al piso una y otra vez, pero se quedó allí para precautelar la vida de los ahora fallecidos.

“No sentí temor, pero sí enojo porque a esos ciudadanos, a quienes nos preparamos para darles seguridad, se volcaban contra nosotros. Fui golpeada, me tiraron contra la pared y el piso, pero mi pensamiento siempre fue salvar las vidas que dependían de nosotros y seguí luchando contra la turba, porque nuestra prioridad es la seguridad ciudadana”, relataba serena.

Desde el momento en el que ingresó a la institución del orden sabía que se tendría que exponer al peligro, pero esto lo califica como una prueba más que superó sus fuerzas.

Reconoce que aún no puede dormir bien porque las imágenes de la masacre se repiten en su mente, como una pesadilla que tuvo estando despierta.

El pueblo

En el lugar donde sucedió la tragedia aún hay paredes tiznadas y una cruz formada por cirios yace en el lugar donde quedaron los cadáveres de Jackeline Mero, Ronald Bravo y Tonny Pareja.

“Muchos están hablando mal de los posorjeños. Hasta llaman por teléfono preguntando si no hay peligro. En Posorja nunca ha habido peligro de nada, es un pueblo pacífico y trabajador. Sí hay delincuencia, como en todas las partes del mundo. No se queden con lo malo que ocurrió”, comentó Cristóbal, un habitante de la parroquia.

Para varios pobladores, lo ocurrido es un hecho aislado, producto de un sistema de justicia que, para ellos, ha perdido credibilidad. “Queremos que vengan, vean el trabajo y desarrollo de su gente. Posorja es un pueblo de oportunidades. No hay que quedarse con lo malo que pasó”, insisten.

El pueblo medita sobre lo que ocurrió

Jorge Banchón, presidente del Gobierno parroquial, asegura que la población está viviendo un momento de reflexión y meditación por lo que pasó.

Informó que en la parroquia se han hecho asambleas participativas con la policía comunitaria, para instruir a la población sobre sus derechos y deberes con respecto a la justicia. “Pero son pocos los que asisten”, indicó.

En la UPC, las actividades se normalizaron. El jefe del lugar, Juan Martínez, dijo que han recibido el apoyo de la ciudadanía, empresas y gremios a través de diversas comunicaciones y se han comprometido a ayudar en lo que fuese necesario.