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Diario Extra Ecuador

La caserita que le pone entusiasmo a la venta de papas en el Mercado Santa Clara de Quito

Clara Pasuña ha laborado desde los 18 años en el Mercado Santa Clara, norte de Quito

Acomodar las papas en lavacaras permite una mejor exhibición de este tubérculo.

Acomodar las papas en lavacaras permite una mejor exhibición de este tubérculo.Karina Defas

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Papas de diversas formas y hasta de colores se destacan en el puesto de Clara Pasuña, de 52 años, en uno de los rincones del mercado que lleva su mismo nombre: Santa Clara, en el norte de Quito.

Esta mujer no ha descansado desde que tiene 18 años, edad en la que comenzó a ayudar a una señora vendiendo estos productos. “Después de un tiempo, ella me dio el puestito y desde entonces vendo aquí”, destacó.

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En su niñez, Pasuña llegó a Quito desde la provincia de Cotopaxi. Con nostalgia recordó sus orígenes humildes y cómo con su trabajo ha ido forjando su vida y la de su familia. “Mis papacitos no tenían para darnos todas las comodidades, mucho menos todos los estudios”.

Justamente eso ha sido el pilar para poner de ejemplo a dos de sus hijos, confesó esta comerciante. Ella, junto con su esposo, ha hecho todo lo posible para que sus hijos estudien y se conviertan en personas de bien.

"Mi hijito tiene 27 años y es ingeniero mecánico. Mi otra hijita tiene 32 y es ingeniera en diseño gráfico”, contó orgullosa en su puesto, mientras acomodaba las papas.

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El trabajo en el Mercado Santa Clara

Clara Pasuña vende su producto desde que tenía 18 años. Con eso ha ayudado a sus hijos para sus estudios.

Pasuña habita por un sector llamado Edén del Valle, en el sur de la ciudad, y desde que labora en el mercado Santa Clara, no ha cambiado su rutina. “Me levanto entre las dos o tres de la mañana y voy al Mercado Mayorista para abastecerme del producto”.

Su hijo le tiende la mano cuando puede y la transporta en su vehículo. Cerca de las siete de la mañana, Pasuña llega al mercado para acomodar las papas, que incluyen variedades como chola, blanca, capiro, Cecilia, chaucha y, hasta una llamada leona negra.

En cuanto a precios, estos varían. “Hay temporadas bajas y altas para vender. Ahora, por ejemplo, la papa chola lavada se la vende a 45 centavos la libra. La que no se lava está a 40 centavos”.

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La clave para que el tubérculo se venda es la presentación, aseguró la comerciante. Por ello, siempre se esmera en poner las papas “más bonitas” en exhibición.

Cada día, luego de acomodar su puesto, Pasuña coloca, una por una, las papas en las lavacaras que están abarrotando su lugar de trabajo.

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