NAPO
El misterio de la chamán que aún protege la cueva de Mondayacu: así se manifiesta
En las cavernas sagradas de Mondayacu, cerca de Archidona, comuneros aseguran que una chamán enterrada hace más de 100 años aún protege el lugar.

VISITANTES RECORREN LA CUEVA Y OBSERVAN LA PARTE SUPERIOR DONDE SE CREE DESCANSA LA CHAMÁN QUE PROTEGE EL LUGAR.
Afuera, la selva lo cubre todo: flores de muchos colores, plantas medicinales y el canto constante de la selva. Pero al cruzar la entrada de piedra de la Cueva del Templo Ceremonial, la claridad desaparece y el ambiente cambia. La oscuridad es profunda, el frío cala y la piel se pone de gallina.
Antes de entrar, los guías piden un momento de silencio. Se solicita permiso a la Pachamama, como muestra de respeto al sitio que los nativos amazónicos consideran sagrado. Solo entonces se avanza.
Con linterna en mano los visitantes caminan despacio. El piso es irregular, las sombras engañan y el silencio pesa. Desde el techo caen gotas constantes que, con los años, han formado estalactitas y estalagmitas. Estas estructuras han crecido gota a gota durante más de un siglo.
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Dentro pueden aparecer murciélagos, lagartijas o insectos que revolotean de pronto y pueden sacar más de un susto. No es un paseo para distraídos.
Los habitantes de la comunidad kichwa de Mondayacu cuentan que este sistema subterráneo se conecta con unas 30 cavernas pequeñas, muchas sin salida. Avanzar más depende del valor… y de los nervios.
El recorrido conduce a la bóveda ceremonial, donde se realizan limpias energéticas con tabaco y rituales con ayahuasca. Allí, según los pobladores, está enterrada una mujer chamán, considerada más poderosa que los hombres.
Mariana Grefa, habitante de la comunidad, dice que su espíritu se manifiesta durante las ceremonias y que ella es la guardiana de la cueva. Que muchos la pueden sentir.
El yachac —que en kichwa significa “el que sabe”— es el guía espiritual encargado de la protección y sanación comunitaria mediante plantas sagradas como la ayahuasca.
El guía Oswaldo Rodríguez explica que muchas personas sienten presión en el pecho, mareo o inquietud al internarse.
“No es peligro. Es la energía del lugar. Quien no está acostumbrado a la oscuridad o nunca ha vivido un ritual puede sentirse perturbado”, comenta.
Entre respeto y escalofríos
La comunidad de Mondayacu, rodeada por el río del mismo nombre, está en el kilómetro 2 de la vía secundaria hacia Cotundo. Para llegar a las cavernas se caminan unos 15 minutos por un sendero rodeado de bosque amazónico, plantas medicinales y flores silvestres.
Luego se atraviesa un laberinto de rocas que parecen figuras petrificadas de animales. Dentro, el eco del agua marca el tiempo. Algunos visitantes sienten paz; otros, un escalofrío que solo se va cuando vuelven a la luz.
Los guías recomiendan no ingresar a personas con claustrofobia. Al salir, el sol vuelve a calentar el cuerpo. Pero quienes entraron aseguran que algo se queda adentro… como si la chamán siguiera vigilando desde la oscuridad.