Ecuatorianos convierten cáscaras de naranja y huevo en vajilla biodegradable
Investigadores de la Universidad de Las Américas (UDLA) desarrollaron vajilla biodegradable con cáscaras de naranja y huevo

Investigadores desarrollan biomateriales a partir de residuos orgánicos de cocina.
Las cáscaras de naranja y de huevo que normalmente terminan en la basura podrían convertirse en una alternativa para enfrentar uno de los mayores problemas ambientales del planeta: los plásticos de un solo uso.
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De residuo cotidiano a biomaterial
Esa es la apuesta de investigadores de la Universidad de Las Américas (UDLA), quienes desarrollaron prototipos de vajilla biodegradable a partir de esos residuos orgánicos comunes en la cocina.
La iniciativa forma parte del proyecto Biomasas, un trabajo de investigación que combina diseño digital y biotecnología para transformar desechos orgánicos en materiales útiles.
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En este caso, las cáscaras son procesadas y mezcladas con aglutinantes naturales para generar un biomaterial capaz de moldearse y adquirir resistencia suficiente para fabricar platos y recipientes.
La propuesta tiene una ventaja clave frente al plástico convencional: después de cumplir su ciclo de uso, estos utensilios pueden degradarse y reintegrarse al suelo sin dejar residuos tóxicos. Esto contrasta con los plásticos tradicionales, que pueden tardar cientos de años en descomponerse.
Un experimento que nació en la cocina
El origen del proyecto fue tan cotidiano como inesperado. Todo comenzó dentro del programa de Gastronomía Sostenible y Saludable de la Escuela de Gastronomía de la UDLA. Allí se tomó una decisión poco habitual: eliminar los basureros de los talleres culinarios para obligar a clasificar y registrar cada residuo generado durante las prácticas.

Prototipos de vajilla biodegradable elaborados con cáscaras de naranja y huevo.
El ejercicio permitió mapear con precisión los desechos más frecuentes. El resultado fue revelador: las cáscaras de naranja y de huevo encabezaban la lista de desperdicios orgánicos.
Ese hallazgo llevó al equipo —integrado por los coordinadores académicos Ricardo Sandoval y Nicolás Rodríguez, junto con el estudiante de Gastronomía Anthony Yela— a plantearse una pregunta: ¿podían esos residuos convertirse en un nuevo material útil?
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