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Diario Extra Ecuador

Lagarto lloró, cantó y bailó para despedir al cantante urbano “Viejo Lango”

La parroquia Lagarto despidió entre lágrimas y canciones a Fulton Gabino Flores Solís, “Viejo Lango”, cuyo legado musical seguirá vivo en la memoria colectiva.

Multitud de vecinos y amigos se congregaron en Lagarto para rendir homenaje a Fulton Gabino Flores Solís, “Viejo Lango”, en una emotiva despedida marcada por música y lágrimas.

Multitud de vecinos y amigos se congregaron en Lagarto para rendir homenaje a Fulton Gabino Flores Solís, “Viejo Lango”, en una emotiva despedida marcada por música y lágrimas.Luis Cheme

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La tarde del jueves 5 de marzo de 2026, la parroquia Lagarto, en el cantón Rioverde, se convirtió en un escenario de duelo colectivo. El aire estaba impregnado de tristeza, pero también de música y recuerdos. Desde temprano, familias enteras llegaron desde distintos rincones de Esmeraldas para acompañar el último viaje de Fulton Gabino Flores Solís, el artista popular conocido como “Viejo Lango”. Las calles se llenaron de motocicletas, camionetas y pasos apresurados: nadie quería faltar al adiós del cantante que durante años puso a bailar a multitudes con su estilo alegre y desenfadado.

El féretro avanzaba lentamente entre la multitud. A su paso se escuchaban murmullos de consuelo y evocaciones de momentos compartidos. Para muchos, “Viejo Lango” no era solo un intérprete de canciones jocosas y tropicales; era un hijo del pueblo, un vecino que supo ganarse el cariño de la gente con su carisma. En más de una ocasión, alguien rompió el silencio entonando fragmentos de sus temas más conocidos, y pronto otros se sumaban, como si la despedida no pudiera ser únicamente de lágrimas. Así, la música se convirtió en un puente entre la tristeza y la memoria.

Decenas de personas se reunieron en el cementerio de Lagarto para dar el último adiós a Fulton Gabino Flores Solís, “Viejo Lango”.

Decenas de personas se reunieron en el cementerio de Lagarto para dar el último adiós a Fulton Gabino Flores Solís, “Viejo Lango”.Luis Cheme

El artista que convirtió la alegría en identidad

Cuando Fulton subía a una tarima, bastaban los primeros compases de “El Bochinche”, “Se le paró el palo al viejo”, “Yo quiero mi tapa” o “Rikijimo” para que el público comenzara a bailar. Su estilo, cargado de picardía y ritmo tropical, lo convirtió en uno de los personajes más populares de la música urbana y festiva de Esmeraldas. Su energía era contagiosa, y su capacidad de conectar con la gente lo hizo trascender más allá de los escenarios. Sin embargo, esta vez la música sonaba distinta: no era para celebrar, sino para recordar.

El féretro llegó finalmente al cementerio general de Lagarto, donde sus restos fueron sepultados. Sus amigos instalaron parlantes y equipos de audio y sus colegas cantaron sobre las tumbas como si se tratara de un escenario. Allí, entre lágrimas y abrazos, familiares, amigos, vecinos y colegas artistas se reunieron alrededor de la tumba. El silencio se hizo profundo por unos instantes, como si el pueblo entero contuviera la respiración para despedirlo.

La historia de Fulton había comenzado en ese mismo lugar: nació el 11 de abril de 1980 en Lagarto, donde creció escuchando los ritmos tropicales que marcarían su identidad musical. Aquellos sonidos, mezclados con su personalidad jocosa, lo llevaron a convertirse en un cantante que conectaba fácilmente con el público.

Su muerte, ocurrida la noche del lunes en Quito, tras varios días de agonía por las heridas de un accidente de tránsito en la vía E-15, tramo Rioverde–San Lorenzo, dejó un vacío profundo entre quienes lo conocieron. La consternación se extendió más allá de su familia y amigos, alcanzando a todos los que alguna vez bailaron con sus canciones. Pero en Lagarto nadie habló de despedida definitiva. Muchos coincidían en que “Viejo Lango” no se va del todo, porque su música seguirá sonando en las fiestas de barrio, en los parlantes improvisados de las verbenas y en la memoria colectiva.

Ese jueves, mientras el sol caía lentamente sobre el norte de Esmeraldas, el pueblo entendió que el artista regresaba a casa. Y que, aunque el escenario se haya apagado, la alegría de “Viejo Lango” seguirá viva en cada canción, en cada baile espontáneo y en cada recuerdo compartido. Su legado no descansa únicamente en una tumba: permanece en la identidad festiva de su gente, que lo seguirá evocando con gratitud y ritmo.

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