“Ya no hay pesca”: la plaga de jaibas que está arruinando la vida de pescadores en Esmeraldas
Redes destruidas, especies desaparecidas y altos costos de operación agravan la crisis del sector. Las pérdidas superan los $ 27 millones.

Pescadores de Atacames, Súa y Tonsupa enfrentan una crisis sin precedentes por la expansión de la jaiba mora.
A las cuatro de la madrugada, cuando apenas asoma la primera luz sobre la costa de Súa, Luis Mojarrango empuja su canoa hacia el mar con la rutina de siempre. Pero desde hace tres meses no hay expectativa en su mirada, sino resignación. Lanza la red y, minutos después, al recogerla, no hay dorado, sierra ni camarón. Solo una masa oscura y viva que se retuerce: jaiba mora.
“Ya no hay pesca… esto se lo llevó todo”, murmura el pescador, mientras deja caer la red destruida sobre la borda.
La escena se repite a lo largo de toda la costa de Esmeraldas. En playas como Atacames, Colope o Tonsupa, el paisaje ha cambiado: embarcaciones alineadas en la orilla, motores apagados y redes colgadas como trapos viejos. La proliferación masiva de la jaiba mora (Euphylax dovii) ha paralizado la pesca artesanal, golpeando a la economía local.

Cada salida representa pérdidas económicas y redes inutilizables.
Plaga dañina
Gerardo Álava, pescador de Súa, lo resume: “Es una plaga que ha causado graves daños en los equipos y nos ha dejado sin sustento”. Las cifras dimensionan el drama:
- 5.000 pescadores en la provincia enfrentan esta crisis.
- 1.000 embarcaciones permanecen varadas en Atacames.
- 3.100 unidades productivas están afectadas en la provincia.
Las jaibas no solo invaden las redes; se adhieren, las rompen, devoran la carnada y ahuyentan a otras especies.
Además, carecen de valor comercial, pues mueren rápido al ser capturadas y liberan un líquido que irrita la piel.
Cuantiosas pérdidas
Según pescadores de la zona, una sola red puede atrapar hasta 50 jaibas en minutos. Cada salida al mar implica una inversión cercana a los 500 dólares, pero los ingresos actuales apenas oscilan entre los 100 y 200 dólares. Antes, una jornada exitosa entregaba 30 dorados. Hoy, con suerte, capturan tres.
César Gerón, presidente de la cooperativa Bahía de Súa, destaca que los daños por embarcación alcanzan los 3.000 dólares, y en la pesca de camarón pueden superar los 12.000. A esto se suma el costo de reposición de equipos.
Maura Oviedo, presidenta de la Cámara de Pesquería de Esmeraldas, advierte que la crisis se arrastra desde el inicio del año. A la plaga se sumaron corrientes marinas intensas y robos en altamar.
Oviedo detalla que cada unidad productiva ha dejado de percibir cerca de 9.000 dólares en el último trimestre. Multiplicado por las 3.000 embarcaciones afectadas, el golpe económico supera los 27 millones de dólares. El impacto fue especialmente crítico durante carnaval y Semana Santa, fechas en las que los pescadores recuperan sus inversiones anuales.
El drama termina en la orilla, donde muchos deben enterrar toneladas de jaibas junto con redes inservibles. “Llegamos cargados de jaiba y toca enterrarlas con todo”, relata Sebastián Chila.
Mientras las ayudas estatales aún no se concretan, Luis Mojarrango vuelve a empujar su canoa cada madrugada. Se aferra a una rutina que ya no garantiza nada, en un océano que hoy solo devuelve redes rotas y promesas incumplidas.