'La Flaca' Guerrero y cómo ha cambiado su vida un año después del diagnóstico de cáncer
Diez libras de más, menos competencias, alimentarse bien y cuidar su salud emocional, han sido los resultados luego de tocar la campana. El proceso continúa

Su historia es inspiración para mujeres de otros países que pasan por la misma condición y que le escriben a diario.
Lo que debes saber
- María Teresa Guerrero revela que su batalla sigue pese a tener un estudio limpio.
- La deportista viaja cada tres semanas a Houston para recibir infusiones de Bevacizumab.
- Dejó el alcohol, ahora corre solo 5 km y prioriza su salud emocional.
El 15 de abril de 2025 marcó un antes y un después en la vida de María Teresa Guerrero. Ese día, ‘La Flaca’ fue diagnosticada con cáncer de ovario en estadio tres, con metástasis en otros órganos. Un año después, la expresentadora de tv y deportista no habla de victoria definitiva, sino de una batalla que continúa, pero desde un lugar distinto.
“El cáncer no se acaba cuando suena la campana”, dice a EXTRA con firmeza. Aunque el proceso está lejos de terminar, el último pet scan (estudio de imagen) salió limpio. Cada tres semanas va a Houston, Texas, para recibir infusiones de Bevacizumab, mientras toma Olaparib a diario. A eso se suman los chequeos rigurosos con tomografías cada tres meses. Deben pasar cinco años para la remisión.
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Cualquier dolor se convierte en sospecha. Es una sensación que, asegura, comparten muchos pacientes oncológicos. Pero ha aprendido a atravesarla. “No tengo otra opción”, indica la guayaquileña de 48 años.
El deporte es su mejor aliado
Si algo sostiene su proceso es el deporte. “No te salva de tener cáncer, pero sí te ayuda a superarlo”, explica. Los años de disciplina, tener pulmones fuertes, un sistema inmune más preparado y la capacidad de recuperarse la ayudaron, aun en quimioterapia, a resistir la COVID e influenza.

Ya no corre 20 kilómetros, sino cinco y duerme ocho horas
Pero su relación con el ejercicio cambió. Vivía estresada y compitiendo en carreras de hasta 20 kilómetros y participando en múltiples Ironman al año. Dormía poco, vivía acelerada. Hoy, corre cinco kilómetros, duerme ocho horas y se permite algo impensable: parar. “Aprendí a disfrutar la nada”, dice.
Cuida su cuerpo y mente
El diagnóstico no solo transformó su cuerpo, también sus hábitos. Dejó el alcohol hace un año, en su alimentación incluye productos naturales, cero procesados y, sobre todo, empezó a cuidar su lado emocional. Ahora filtra lo que ve, lo que lee y, a quién escucha. Evita el estrés innecesario. Su imagen también cambió. Tiene cicatrices, canas y diez libras más. “Antes me quejaba de todo. Ahora me veo sana”, reflexiona.
“Quiero quedarme aquí”
Uno de los pilares de su proceso ha sido la forma en que decidió enfrentar la enfermedad. Nunca vio la quimioterapia como un enemigo. “La veía como un líquido dorado divino que me estaba sanando”, recuerda emocionada.
Mientras repetía afirmaciones positivas, sus marcadores tumorales bajaban drásticamente: de 800 a 100 en pocas sesiones. Para ‘la Flaca’, aquello no fue casualidad. El miedo siempre estará, pero también la certeza más grande: ama la vida. “Quiero quedarme aquí”, confiesa.
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