Cerro del Muerto será área protegida en Guayaquil tras años de lucha comunitaria
Este 21 de marzo se hará la entrega oficial por parte del Municipio de Guayaquil de la declaratoria de zona protegida. Se sembrarán 30 árboles nativos

Vista del Cerro del Muerto en la parroquia El Morro.
El Cerro del Muerto no es solo tierra y piedra. Es historia viva, es fe, es leyenda… y, durante años, también fue un campo de batalla.
En sus faldas, donde el viento golpea seco y el sol quema fuerte, los habitantes de la parroquia El Morro, de Guayaquil, aprendieron a defender lo suyo. No con armas, sino con organización, memoria y resistencia. “Hubo momentos en que tuvimos que pararnos firmes para impedir que se lleven el cerro”, recuerda Lorgia Vega, una de las voces más persistentes de esta lucha.
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Todo comenzó en 2013, cuando la comunidad dio el primer paso: pedir que el cerro sea declarado área protegida. Pero el camino no fue fácil. Mientras los trámites avanzaban lentamente en oficinas, en el territorio la realidad era otra: maquinaria, extracción de material y un ecosistema de bosque seco que amenazaban con terminar con el cerro.
Entre 2015 y 2016, las denuncias estallaron. El Ministerio del Ambiente abrió procesos por los daños al entorno, pero para los moradores eso no era suficiente. “Sentíamos que cada día que pasaba, el cerro se nos iba de las manos”, relatan los moradores, como Enrique Chalen, que vive en el barrio Campo Alegre, a 500 metros del cerro.
El Cerro del Muerto guarda secretos antiguos. En sus entrañas, pozos de agua dulce excavados en roca cuentan la historia de los primeros habitantes del sector. Más arriba, un santuario dedicado a la Virgen de la Roca se levanta como símbolo de fe. Y en sus senderos, las leyendas han pasado de generación en generación, alimentando la identidad de todo un pueblo.

Moradores durante recorridos comunitarios en el cerro.
Pero no solo la historia lo hacía valioso. Estudios científicos confirmaron lo que los comuneros ya intuían: el cerro es refugio de especies únicas. Murciélagos en peligro de extinción habitan en silencio entre sus rocas, convirtiéndolo en un punto clave para la conservación a nivel mundial, destaca Vega.
A pesar de los informes, los avances se estancaron. Cambiaban autoridades, se reiniciaban procesos, y la sensación era la misma: empezar de nuevo. Sin embargo, la comunidad no soltó el caso. Documentos, estudios y archivos personales se convirtieron en armas silenciosas para sostener la causa.
El giro llegó años después. En 2020, un trabajo técnico impulsado desde el Municipio permitió ordenar el territorio y delimitar el área. Ya no era solo un reclamo comunitario: era una causa respaldada por datos, mapas y estudios.
Mientras tanto, la gente hacía lo suyo. Para no dejar morir la memoria, comenzaron los recorridos guiados, donde las leyendas del cerro volvían a cobrar vida. El festival de cometas, creado por Khayda Rivera, llenó el cielo de colores y atrajo visitantes. El turismo comunitario empezó a abrirse paso como alternativa.
Finalmente, el 27 de febrero, tras más de una década de insistencia, llegó la respuesta esperada. El Concejo Municipal de Guayaquil aprobó, por unanimidad, la creación del Área de Conservación y Uso Sustentable (ACUS) en el Cerro del Muerto, expresó Manuel Romero, concejal rural de Guayaquil, otro de los impulsores, para que el cerro sea declarado zona protegida.
Para muchos, no fue solo una resolución. Fue una victoria.
“Es el resultado de años de lucha”, dice Vega, con la voz entrecortada. Como ella, decenas de moradores han visto pasar el tiempo sin rendirse.
Ahora, el cerro tendrá protección oficial, con un plan de manejo que incluye a la propia comunidad. Ya no estarán solos.
Este 21 de marzo, en el ingreso al cerro, en el barrio Campo Alegre, se hará la entrega oficial por parte del Municipio de Guayaquil de la declaratoria. Y, como símbolo de vida, se sembrarán 30 árboles nativos.
Porque el Cerro del Muerto, lejos de morir, acaba de empezar a vivir otra vez.
¿Por qué ese nombre?
Cuando se observa el cerro desde ciertos puntos —sobre todo a la distancia— se distinguen elevaciones que parecen dibujar la cabeza, el torso y las piernas de una persona tendida. Esa silueta dio origen al nombre popular de “Cerro del Muerto”.
Entre historia y leyenda
Además de la explicación geográfica, en la tradición oral de la zona circulan versiones más simbólicas. Se habla de antiguos relatos de pobladores que asociaban el cerro con espíritus o presencias. Algunas historias mencionan que el sitio era visto como lugar sagrado o de respeto, especialmente por comunidades antiguas.
Un lugar con valor natural
Más allá del nombre, el cerro forma parte del entorno natural cercano al Refugio de Vida Silvestre.