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Diario Extra Ecuador

Mascotas virales

De Guayaquil a redes: Maluma, el perro motociclista que recorre la ciudad con su dueño

Un perro llamado Maluma recorre Guayaquil en moto con su dueño. Su historia es viral por su lealtad y gran destreza diaria

Un perro llamado Maluma se ha convertido en sensación en Guayaquil por algo increíble: ¡viaja en moto como si fuera un copiloto profesional!

Un perro llamado Maluma se ha convertido en sensación en Guayaquil por algo increíble: ¡viaja en moto como si fuera un copiloto profesional!

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Lo que debes saber sobre Maluma

  • Maluma es viral porque se se moviliza en moto por Guayaquil, se sube solo y mantiene el equilibrio como un pasajero más.
  • La relación con su dueño es tan fuerte que incluso regresó a casa tras estar perdido cinco meses.
  • Su rutina diaria y comportamiento han llamado la atención de transeúntes y redes sociales.

Maluma se ha vuelto viral en Guayaquil por acompañar a su dueño en moto por toda la ciudad. Se sube solo a una canasta adaptada, mantiene el equilibrio durante los recorridos y demuestra gran lealtad, convirtiéndose en una escena que sorprende y enternece a quienes lo ven.

No canta ‘Hawái’ ni ‘Borró casete’, pero él, como el mejor amigo del hombre, bien podría ser un ‘amigo con derecho’. Maluma, no el cantante colombiano sino un perro mestizo de 5 años, se ha vuelto famoso en Guayaquil por pasear con la lengua afuera sobre la moto de Óscar Arredondo.

Un pasajero fuera de lo común

Maluma no es cualquier perro. Su nombre, heredado del gusto de Óscar por el artista urbano, despierta curiosidad. Pero lo que sorprende es su destreza: se sube ágilmente a la canasta de plástico instalada en la moto, se acomoda como un pasajero y, con el viento en el hocico, recorre avenidas, centros comerciales y hasta playas.

“Él entiende todo”, afirma con orgullo Óscar, caleño que llegó hace 15 años para establecerse en el Puerto Principal. “Se sienta cuando le digo, ladra cuando alguien se acerca a mi negocio y nunca se baja hasta que yo lo ordeno”.

Una escena que roba miradas

La escena es pintoresca: el hombre con casco y el perro erguido, equilibrado, como si llevara años practicando. Los transeúntes se detienen, los niños señalan, los policías sonríen.

“Nunca me han multado”, sostiene Óscar. Incluso, cuenta que Maluma espera pacientemente en la moto cuando él entra a un centro comercial. “Puede pasar horas ahí, quietecito, hasta que regreso”.

Con la lengua al viento y firme en la canasta, Maluma acompaña a Óscar en cada recorrido por la ciudad.

Con la lengua al viento y firme en la canasta, Maluma acompaña a Óscar en cada recorrido por la ciudad.Luis Cheme

Lealtad que supera todo

La historia de este dúo también tiene momentos dramáticos. Óscar recuerda que una vez Maluma estuvo perdido durante cinco meses. Lo buscó desesperado, temiendo lo peor.

Pero un día, a las cinco de la mañana, como un milagro, el perro apareció en la puerta de su casa, en Montebello, en la vía a Daule, feliz y con un pescado en la boca.

“Pensé que estaba soñando”, recuerda. Desde entonces, la lealtad entre ambos se volvió inquebrantable.

Compañero y guardián

No solo es compañero de viajes, también es protector. En la tienda-licorería de Óscar ladra para alertar la llegada de clientes o extraños.

“Tiembla primero que yo”, comenta, convencido de que tiene un sexto sentido. Por las noches, lejos de la motocicleta, descansa a los pies de la cama.

Óscar explica que cuando llegó a su vida ya tenía el rabito cortado. Desde entonces, el animal aprendió a expresarse con todo el cuerpo: mueve las orejas, ladra con fuerza y se acomoda en la moto como si fuera un asiento de lujo.

Fiel, atento y siempre listo, Maluma convierte cada paseo en una historia de compañía y cariño.

Fiel, atento y siempre listo, Maluma convierte cada paseo en una historia de compañía y cariño.Luis Cheme

Pollo, cuidados y madrugadas

Maluma también ha tenido momentos de fragilidad. Óscar recuerda que una vez se enfermó y tuvieron que ponerle suero, como a un paciente más en casa.

“Lo cuidamos como a un hijo”, rememora.

Su dieta es sencilla y casera: pollo, siempre pollo, preparado con esmero. Esa rutina, sumada al ejercicio de los paseos en moto, lo mantiene fuerte y ágil.

En las madrugadas, cuando la ciudad aún duerme, Óscar lo prepara para salir. El perro, al escuchar el motor encenderse, aúlla como anunciando que la aventura comienza.

“Yo no me muevo sin mi perro”

Óscar asegura que donde vaya, Maluma irá con él. Si regresa a Colombia, será parte del equipaje emocional. “Yo no me muevo sin mi perro”.

Él es "Maluma, baby"

En Guayaquil ya es una celebridad. “Todo el mundo lo conoce, lo saludan, le dicen Maluma, como si fuera el cantante”.
La imagen de este perro motorizado se ha convertido en un símbolo de ternura y complicidad urbana. En una ciudad marcada por el congestionamiento vehicular y la rutina, Maluma y Óscar ofrecen un respiro: una historia que mezcla disciplina, cariño y humor.
Y en medio de todo, la broma nunca falta: “Maluma, baby”, le dice Óscar, y el can parece entender que ese apodo lo conecta con la música, la alegría y la fama que ya tiene en las calles.
El viento sopla fuerte en una avenida del norte de Guayaquil, y allí van: Óscar y su perro, desafiando la lógica y conquistando miradas. Maluma ladra, Óscar sonríe, y la urbe se detiene un instante para ver cómo un perro, con nombre de estrella, se roba el show sobre dos ruedas.

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