Historias 8M | Gloria Guerrero: La señora de los 'Taquitos' que no abandona a Socio Vivienda 2
A sus 66 años, la histórica lideresa comunitaria y defensora de derechos humanos coordina mingas y apoyo social desde el exilio forzado por la violencia

Participaba en mingas del barrio junto a fundaciones de derechos humanos.
En la cocina de su hogar, Gloria Guerrero prepara el almuerzo para su nieto de 4 años, Julián. Pero esa rutina cotidiana es solo una parte de la historia de la mujer que hizo de Socio Vivienda 2 su misión: alimentar, cuidar y organizar a toda la comunidad, siempre con tacones y una sonrisa firme.
Gloria tiene 66 años y es lideresa comunitaria y defensora de derechos humanos en Socio Vivienda 2, ubicado al noroeste de Guayaquil, en Nueva Prosperina, uno de los distritos más peligrosos de la Zona 8. Hoy lo hace desde la distancia, por seguridad de su familia, pero sigue al pie del cañón con mingas y apoyo comunitario.
Llegó a este plan habitacional el 29 de diciembre de 2012 y es una de sus fundadoras. “Fui la tercera persona que llegó”, recuerda. Desde entonces, su vida se entrelazó con la de los vecinos: repartía desayunos y almuerzos, preparaba dulces y morocho, y su constancia le valió el cariño de todos, que la apodaron “la señora de los taquitos”.
“¿No se cansa de caminar con esos tacos?”, le preguntaban con asombro. Pero Gloria, coqueta y firme, nunca se bajaba de sus plataformas, mientras organizaba actividades para los niños y conseguía ayuda de fundaciones para los más abandonados. “Había muchos que andaban en las calles”, recuerda.

GLORIA GUERRERO CON MÉDICOS EN BRIGADA EN SOCIO VIVIENDA La lideresa barrial con el personal médico que llegó a Socio Vivienda 2 en 2013.06/03/2026
Su plato estrella era el seco de pollo. “Está riquísimo, señora Gloria”, le decían. Al principio regalaba; luego vendía para sostenerse. Recorría todo el barrio repartiendo pedidos y dulces. Y no era solo la comida: “Tengo siete profesiones”, dice sonriendo. “Soy costurera, enfermera, albañil, pintora de brocha gorda, chef, cantante… de todo”.
También ofrecía servicios básicos de enfermería. “A veces, de madrugada, venían y me decían: ‘Vecina, tenemos un cólico’”, cuenta. “Hasta con medicina ancestral ayudaba. Siempre tengo hierbitas”. Y hasta aplicaba inyecciones y sueros.
Hace un año se vio obligada a dejar su hogar. Su razón principal fue proteger a su familia. Mientras su hija Emilia trabaja, Gloria colabora en el hogar cuidando a su nieto. “Yo cocino y atiendo al niño, que me quiere muchísimo, dice que soy su abuelita favorita. Hago todo… Bueno, la lavada no”, admite entre risas.
Economía
Crédito Violeta: $63 millones para empoderar a mujeres emprendedoras
Gabriela Alejandra Echeverria Vásquez
La otra razón fue la inseguridad. Aunque los moradores de ‘Socio’, como ella lo llama, le piden que vuelva, siente que aún no puede. “Les digo: ‘Yo regresaría, aquí ustedes me conocen, ¿pero de la Perimetral para allá quién me garantiza mi vida?’”
Su nieto Julián también le habló de la violencia: “Yo no quiero vivir aquí, mucha balacera”.
Aun estando lejos, sigue coordinando mingas por WhatsApp y gestiona entrevistas de derechos humanos para los vecinos que no cuentan con el título de propiedad de sus viviendas. En su nuevo barrio creó un círculo de mujeres que duró seis meses. “Les he ayudado a que aprendan a tejer”, dice orgullosa.
El 24 de diciembre de 2025 regresó a Socio Vivienda 2. Todos los años, en esa fecha, solía preparar una chocolatada, pero ese día llevó arroz con pollo. Allí se volvió a encontrar con sus vecinos.
“Lloraban, me abrazaban. Decían: ‘Venga, que usted nos hace falta’. Una señora casi se cae por ir a abrazarme”, recuerda. “Eso a una la llena. Y por eso sigo luchando con ellos”, dice pausadamente, consciente de los cinco microinfartos que ha sufrido.
Gloria todavía tiene la esperanza de regresar a su casa. “Los de ‘Socio’ quedamos con la etiqueta de seres malos. Pero hay bastante gente buena. No es como lo pintan”.
‘La mujer de los taquitos’ quiere volver a pasearse por Socio Vivienda 2, repartiendo sus dulces, platos, medicinas y haciendo mingas. “Siento mucha nostalgia. Yo tanto que le rogué a Dios estar estable en una casa”, expresa con tristeza Gloria, quien personifica la lucha histórica de las mujeres por la igualdad de género, derechos laborales, justicia social y una vida libre de violencia.
Por ahora, seguirá velando por sus vecinos a la distancia, siempre dispuesta a responder mensajes y llamadas para gestionar lo que esté a su alcance.