“Peor que el coronavirus": Bares y discotecas de Guayaquil agonizan por el toque de queda
Centros de entretenimiento de Guayaquil enfrentan pérdidas de hasta 70 %, cierres y despidos por el toque de queda, mientras la noche se queda sin consumo

Bares y discotecas de Guayaquil enfrentan pérdidas de hasta 70%, cancelación de shows, reducción de personal y una incertidumbre que amenaza con cerrar parte del sector.
Lo que debes saber
- El 60% de bares y discotecas en Guayaquil no abre por restricciones del toque de queda.
- Locales reportan caída del 70% en ventas y reducción drástica de personal en la Zona Rosa.
- El gremio advierte que el 25% de negocios cerraría definitivamente si las medidas persisten.
La vida nocturna de Guayaquil enfrenta su peor crisis en décadas. Hasta un 60% de bares y discotecas no ha abierto por el toque de queda, dejando a dueños y empleados sin ingresos. Negocios como Betanias Friends y Bar Nikita reportan pérdidas de hasta 70%, suspensión de eventos y reducción de personal.
La paralización afecta también a taxistas, vendedores de licores y hielo, y unos 400 trabajadores están en medio de la incertidumbre. Además, advierte Patricio Pareja, presidente de la Asociación de Bares y Discotecas del Guayas, si las restricciones continúan, un 25% de los locales en riesgo podrían cerrar definitivamente.
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Guayaquil ahora despierta temprano
Calles que antes vibraban hasta el amanecer hoy reciben a sus habitantes con farolas encendidas y bares con luces bajas.
La ciudad que solía encender la noche con ritmos, brindis y música ahora enfrenta una silenciosa pero profunda crisis los bares y discotecas, que alguna vez fueron epicentros de empleo y vida social, ven su supervivencia en riesgo por las restricciones de toque de queda.

Locales cerrados y poca afluencia marcan la realidad actual de la Zona Rosa
Un sector golpeado desde todos los frentes
La noche guayaquileña no afronta una sola debilidad, lleva años bajo presión. Para muchos dueños y trabajadores, la crisis actual es acumulativa —una suma de golpes que vienen desde antes de la pandemia del COVID-19.
En 2020, los cierres obligados por la pandemia derrumbaron gran parte de la actividad económica formal. Luego vinieron protestas sociales (por alza de combustibles, paros de transporte, movilizaciones nacionales por políticas económicas, bloqueos de rutas) que paralizaron temporalmente el acceso.
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Más tarde, los problemas de inseguridad llevaron a algunos a cerrar sus puertas por seguridad y, ahora, el toque de queda ha llegado como un golpe final que amenaza con sellar el destino de muchos.
“Abrimos desde la 1 p.m., pero nadie viene”
En Betanias Friends, un local de referencia de la Zona Rosa de Guayaquil, Luis Tenesaca se sienta frente a una barra que solía estar repleta. Hoy, las mesas lucen vacías incluso en horas consideradas “productivas”.
“Ahorita hacemos promociones en cocteles y barra libre, bajamos precios para atraer a la gente más temprano, abrimos desde la una de la tarde… pero como ve, el local está vacío”, dice Tenesaca con voz pausada, frustrada.
Para él, el problema no está en sus estrategias comerciales, sino en la cultura social: “Nosotros trabajamos con gente que sale a divertirse en la noche, cuando la fiesta apenas empieza… ¡y con el toque de queda tenemos que cerrar a las 10 u 11! La gente no puede venir a esa hora”.

El dueño de Betanias Friends lucha por mantener empleos y pagar arriendos.
La consecuencia es contundente, una pérdida de entre 50% y 70% en ingresos, una caída dramática si se compara con años anteriores, cuando la delincuencia urbana podía generar apenas un retroceso del 10-20%.
Pero hoy no es solo la delincuencia, es la falta de clientes, el desgaste de promociones, los eventos cancelados y la imposibilidad de sostener los gastos básicos de un negocio que opera en un sector de alta rotación.

El bar Nikita permanece en pausa mientras su dueño enfrenta una fuerte caída en ingresos.
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Personal suspendido y eventos cancelados
Como muchos otros, Tenesaca ha tenido que hacer ajustes drásticos, todo su personal —dj, meseros, bartenders— está suspendido.
Los eventos, que eran un salvavidas económico, han sido pospuestos o anulados por completo, conciertos, celebraciones privadas, shows temáticos.
“Nunca habíamos visto algo así. Es peor que el mismo virus. Si no hay gente, no hay ingreso”, afirma.
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La vida nocturna está “muriendo lentamente”
En la 38ª entre García Goyena y Bolivia, Ernesto Vásquez, dueño del bar Nikita, describe su día a día con palabras que parecen extraídas de un manual de sobrevivencia.
“Desde que comenzó esta crisis, no he medido pérdidas porque ni siquiera hemos vuelto a operar normalmente… pero sé que estamos con un 70% de caída en ventas. Algunos compañeros ni siquiera alcanzan el 30% o 20%”, relata.
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Ernesto Vásquez enfrenta la crisis en el bar Nikita con menos personal y sin clientes.
De los 12 empleados con los que contaba, ahora solo mantiene a 3. El resto fue suspendido por la falta de ingresos. A diferencia de Tenesaca, Vásquez reconoce que este no es un mal reciente, lleva 7 años en crisis.
Cifras del sindicato: el 60% de locales no abre
Desde la Asociación de Bares, Discotecas y Afines del Guayas, el presidente Patricio Pareja confirma los peores augurios: hasta un 60% de establecimientos ha decidido no abrir, por miedo a no cubrir ni siquiera los costos básicos.
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“La paralización es real. No solo nos afecta a nosotros, también a taxistas, vendedores de ropa, proveedores, empleados indirectos… alrededor de la noche hay toda una red económica que se ha detenido”, explica Pareja.
Según su gremio, si el toque de queda se mantiene más allá de los 15 días, un 25% adicional de locales podría cerrar definitivamente.

El panorama es incierto para muchos locales que ya no logran sostener sus gastos.
El impacto indirecto: más allá de las puertas cerradas
Cuando un bar deja de operar, no solo se pierde música y copas. Se pierde empleo directo e indirecto. Animadores, showgirls, músicos, fotógrafos, proveedores de hielo y licores, taxistas, personal de mantenimiento… todos están entre los afectados.
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Pareja calcula que al menos 400 personas están “en stand by” sin una fuente clara de ingreso, y eso sin contar a las economías informales que dependen de la noche y ahora operan sin controles.
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La paradoja de la cultura nocturna
La noche es, por definición, un espacio de vida social y recreación. Pero bajo el toque de queda, se ha convertido en un espacio de pérdidas económicas y frustración social.
“La gente sale después de las 10 o 11… y nosotros tenemos que cerrar antes de que empiece la verdadera fiesta. Es como intentar bailar sin música”, sintetiza un dueño con ironía amarga.

El panorama es incierto para muchos locales que ya no logran sostener sus gastos
Guayaquil, que se destacó durante décadas por su vida nocturna vibrante, hoy observa cómo partes de ese ecosistema están desapareciendo. Los testimonios de Tenesaca, Vásquez y Pareja no son casos aislados, sino representativos de una cadena de negocios que, sin clientes ni claridad de futuro, lucha por no quebrar.