Opinión
Diálogos mafiosos
Fue indignante y triste mirar y escuchar al ex contralor general del Estado, que tiene como funciones proteger la honestidad en el empleo de los fondos públicos, negociar con un sobornador impenitente su dignidad y su conciencia, pidiendo que el dinero del cohecho se le entregue en efectivo, con todo descaro.
La Contraloría del Estado, salvo poquísimas excepciones, ha estado en manos de funcionarios correctos que han dejado una límpida trayectoria y han hecho de esa función un verdadero ejemplo de austeridad y de manejo digno.
El excontralor Pólit, reelegido casi por el 100 por ciento de los votos del ente nominador, ha caído en un oscuro foso de indignidad, manchando a esa fundamental dependencia pública con un estigma que no se borrará ni siquiera con el decurso de los años.
La red de delincuencia organizada habría hecho de la Contraloría una entidad cómplice para el manejo indebido y corrupto de los fondos públicos. Es ahora un deber ineludible del nuevo Gobierno hacer una limpieza profunda en la Contraloría General del Estado; porque si la cabeza se ha corrompido tanto, hay que suponer que los distintos organismos que lo integran también han corrido una suerte parecida.