Editorial: Los barrios en manos del crimen
Violencia del crimen organizado en Guayaquil ha silenciado a líderes barriales. Amenazas, ausencia del Estado y UPC abandonadas debilitan el trabajo comunitario

La violencia mantiene se ha tomado Ecuador.
La penetración violenta de células de grandes organizaciones criminales en barrios populares de Guayaquil prácticamente ha acabado con el trabajo de los líderes comunitarios. Por amenazas directas, muchos han dejado de tener influencia entre sus vecinos para promover mejoras en sus sectores y, en otros casos, se han visto obligados a limitarse a organizar eventos menores, evitando cualquier tema relacionado con la seguridad, porque eso es ‘harina de otro costal’.
Estos dirigentes, que antes organizaban a los moradores para mingas de limpieza, actividades deportivas, encuentros culturales o ferias gastronómicas, con el fin de unir a la comunidad y recaudar fondos para obras barriales, hoy están ‘muriendo’ en silencio. No solo por la presión criminal, sino por la desatención del Estado, cuya presencia en los barrios, a través de las Unidades de Policía Comunitarias, es casi inexistente. Infraestructuras abandonadas y patrullajes escasos o nulos son parte del paisaje cotidiano.
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El trabajo comunitario no solo fortalece la convivencia; también es un canal legítimo para exponer las necesidades reales de los barrios. Cuando ese espacio queda vacío, alguien más lo ocupa. Y si quienes terminan imponiendo normas, castigos o silencios son los criminales, la comunidad deja de organizarse y empieza a someterse.