Editorial: El crimen toca todas las puertas
La violencia en Ecuador ya no distingue clases: el crimen llegó a urbanizaciones exclusivas y expone corrupción, lavado de activos y la inacción del Estado
El arranque violento del año deja al desnudo una verdad que a las autoridades les incomoda y prefieren tapar con discursos: el crimen no es exclusividad de barrios pobres, también se pasea por urbanizaciones blindadas y exclusivas, donde se cobra cuentas pendientes a gente ‘chueca’ que se camufló por años como empresario respetable.
Esta realidad rompe el mito de las ‘zonas seguras’ y expone algo más grave, que en esas fortalezas, lejos del control del Estado y de los filtros contra el lavado de activos, también se esconde la podredumbre de un sistema corrupto. Ahí han prosperado delincuentes perfumados, expertos en mover plata sucia, comprar silencios y evadir a la justicia.
El país atraviesa uno de los momentos más oscuros de su historia. Los valores fueron reemplazados por la ‘sapada’, el vivo, el robo y la sinvergüencería normalizada. Ningún estrato social está a salvo, pues los tentáculos del crimen lo han tocado todo.
Pero el problema no es solo dónde vive el delito, sino cuánto tiempo el Estado miró para otro lado. Y mientras siga haciéndose el ciego, la violencia seguirá tocando puertas donde antes se creían intocables.