Editorial: Sin maestros no hay futuro
Cuidar a los maestros es más que un gesto de gratitud. Es una obligación que define si este país decide, de verdad, tener futuro

Ser maestro hoy es resistir: entre carencias, sobrecarga y olvido, siguen sosteniendo el futuro desde el aula.
Hay una clase fundamental en la construcción del futuro del país que lleva años golpeada por la crisis e incluso por emergencias sanitarias como el Covid, que han impedido fortalecer la resiliencia educativa e incorporar de forma sostenida entornos virtuales y estrategias pedagógicas más flexibles: los maestros.
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Casi relegados a la última fila de las prioridades nacionales, los docentes hoy se debaten entre infraestructura deficiente, sobrecarga laboral en tareas administrativas ajenas a la enseñanza, precarización laboral, limitaciones en el acceso a herramientas digitales, inseguridad y múltiples carencias que erosionan su labor diaria.
Aun así, en medio de ese abandono, los maestros siguen llegando a las aulas, a veces con lo justo, a veces con nada, para sostener algo que va más allá del contenido académico, la posibilidad de que un niño o un adolescente tenga un futuro distinto.
Enseñan, contienen, escuchan y resisten, muchas veces en silencio y sin aplausos. Por eso, este no es solo un llamado al reconocimiento, sino una urgencia que duele.
El país no puede seguir dándole la espalda a quienes lo sostienen desde el aula. Cuidar a los maestros es más que un gesto de gratitud. Es una obligación que define si este país decide, de verdad, tener futuro.