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Opinión

Editorial: Víctimas de nuestra necedad

El sistema hospitalario del país entra nuevamente en crisis. Las fiestas de Navidad y Año Nuevo dejaron un mayor número de infectados por COVID-19 en las principales ciudades del Ecuador. Y las cifras son alarmantes, ha aumentado tanto el número de contagios al punto que las unidades de cuidados intensivos de los hospitales están a tope, incluso, en centros de salud como el Andrade Marín de Quito existe gente que se encuentra en lista de espera para poder ser admitida, y en Guayaquil se han habilitado carpas para atender a los infectados.

Fue evidente que durante diciembre no se respetó el distanciamiento social ni el uso de mascarilla. Los guayaquileños colmaron las zonas comerciales en busca de juguetes, ropa o algún presente. No se cumplió con el aforo permitido en restaurantes, almacenes ni centros comerciales, y las farras en diferentes zonas por la culminación del año subieron como la espuma, carentes de toda medida de bioseguridad. Los organismos de control poco o nada pudieron hacer y ahora vemos las consecuencias.

La ciudadanía parece que no entra en razón de la gravedad del caso, pero estamos sufriendo los mismos estragos de la pandemia que vivimos en marzo y abril del año pasado. ¿Será necesario que los municipios y el COE Nacional deban restringir la movilidad y prohibir nuevamente salir de nuestros hogares para entender la gravedad de la situación?

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