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Opinión

Editorial: Viviendo un Clásico coronavírico

Como es parte de nuestra cultura, el fútbol es ese opio que complace a toda clase social, sin distinción de raza, credo, ni sexo. Y no podría dejarse de lado a una de las fiestas deportivas más emblemáticas, especialmente en la ciudad cuna de Barcelona y Emelec: el famoso Clásico del Astillero.

Esta fiesta, con más de medio siglo de vida, es un factor anímico muy preponderante en el alma del guayaquileño. El ‘partido inmortal’ es, por sobre todas las cosas, un poderoso motor económico que acoge a todo tipo de negocios alrededor del estadio localista previo al encuentro. Toda una mezcla colorida dentro del lienzo guayaquileño, enmarcado en su más rica tradición popular que, lamentablemente en este 2020, en su edición # 226 será muy diferente: frío, en silencio, sin la pasión que se merece, debido a la pandemia mundial.

Y es que el bolsillo del Astillero se juega (a puerta cerrada y con estadio vacío), otro partido fuera de la cancha, puesto que gran parte de la ciudadanía no tiene acceso al servicio de TVpagada con el dueño de la transmisión, GolTV, que desde que se reanudó la LigaPro le llueven los reclamos a millares surgir. Estos inconvenientes exigen a centros comerciales y negocios doblegar medidas para acoger al público desesperado por espectar el evento, mientras otros con suerte acudirán al familiar o al ‘panita’ que tiene el canal exclusivo, debido a la prohibición de acercarse al estadio, caso contrario se suspenderá tanto el partido como el torneo.

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