El Estado no mira a Jaramijó: narcotráfico capta pescadores y agrava tragedias en altamar
La falta de control estatal y alternativas económicas facilita que redes del narcotráfico recluten pescadores en Jaramijó, exponiéndolos a muertes y detenciones

Recreación con inteligencia artificial de pescadores artesanales en altamar frente a riesgos del crimen organizado.
Las repetidas tragedias de pescadores artesanales en altamar, muchos de ellos rescatados o detenidos en aguas internacionales por países de Centroamérica, evidencian otro de los tentáculos del narcotráfico que golpea a las familias ecuatorianas. Es una problemática que no solo deja dolor e incertidumbre, sino que además no cuenta con un plan estatal de seguridad para frenarla y de una respuesta social que contenga la ausencia de quienes, reclutados por bandas criminales, no regresan, ya que unos terminan presos en el extranjero y otros simplemente mueren en el mar.

El cantón Jaramijó sufre de violencia por el narcotráfico.
En Manabí, el caso más crítico se concentra en Jaramijó. Allí, desde hace años y de forma silenciosa, las redes del narcotráfico han puesto sus ojos en los pescadores artesanales, aprovechando su destreza y conocimiento de las rutas marítimas. La tentación es alta: ofertas de hasta 40.000 dólares por viaje, una cifra imposible de igualar frente a los escasos ingresos de la pesca tradicional. ¿Y los controles? Atacar al narcotráfico debe ser un plan integral, sin fisuras, que desarme todo el entramado que capta a inocentes.
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No basta con reaccionar cuando la tragedia ya ocurrió. Se necesitan controles efectivos en los puertos, alternativas económicas reales para las comunidades pesqueras y una política integral que ataque de raíz este problema.