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Opinión

Aglomerarse para encerrarse

Encerrados, pero con la refri llena. Gran parte de los ecuatorianos vivimos, por estos días, largas horas de manera obligada en casa, como parte de una estrategia y plan del Gobierno para poder combatir la alta incidencia de contagios y el número creciente de muertes debido al COVID-19

Sin embargo, esas horas de sacrificio tienen diferentes impactos y diferentes respuestas. El turismo se viste de luto por esos días, pues ni playas ni locales vinculados con esta actividad, como restaurantes, bares y otros sitios de esparcimiento pueden abrir. Los hoteles pueden atender, pero ¿quién va a pagar para pasársela encerrado, solo entre el cuarto y la piscina del establecimiento?

Las actividades comerciales, como en la Bahía, locales de venta de repuestos mecánicos, los centros comerciales y más, cerrados. Dos días ‘muertos’ para su economía. Restaurantes y negocios de comida rápida, que en el país han crecido de manera abundante como respuesta ante el desempleo formal, tampoco pueden atender. Un dinerito que no caerá al bolsillo, que ve salir lo poco que le queda para suplir esos días en que las labores se cierran a las 20:00 y peor con el encierro total los fines de semana.

Pero llegamos a esos días abastecidos. Llenando las carretas en los mercados como si todo se vaya a acabar. Y lo peor: formando aglomeraciones y exponiéndonos al contagio para comprar... precisamente para encerrarnos y evitar más contagios. Paradójico.