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Opinión

Continuismo benéfico

Es indudable que no todo lo que se ha hecho en el pasado ha de significar ruptura, separación y divorcio total (político y administrativo) entre los gobiernos que se suceden dentro del proceso democrático, que asigna cuatro años de actividad a cada período ejecutivo. Así, pues, el nuevo mandatario de nuestro país, Guillermo Lasso, de la misma manera que ha juzgado necesario realizar cambios significativos en las actividades gubernamentales de su antecesor, también considera positivo mantener y activar determinados programas que han venido beneficiando a la población ecuatoriana.

De esta manera, el plan denominado ‘Toda una vida’, que motivó con mucho entusiasmo el expresidente Lenín Moreno, ha sido reactivado por su sucesor. Y no podía ser para menos, ya que dicho programa fue creado para dar seguimiento y apoyo a personas de bajos recursos económicos del país. Y es que el proyecto, que brindó ayuda a los más vulnerables, se constituyó en el plan insignia del gobierno anterior, en el que se puso mucho empeño y se hicieron, a medida de las posibilidades, entregas de fondos para cumplirlo eficientemente.

Por desgracia, este plan tan humanitario no ha podido cumplir todas sus metas, precisamente por la crisis fiscal provocada por la paralización pública y privada a la que nos condujo la pandemia del coronavirus. Se espera, sin embargo, que con grandes esfuerzos y sacrificios se pueda cumplir con la ayuda que necesitan personas que viven en la miseria e indigencia. Y que otros programas positivos del régimen anterior también sean mantenidos y reactivados.