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Opinión

¡Cuánta injusticia!

La estructura de la salud pública en Ecuador pide un cambio ¡a gritos!

Los ecuatorianos ya estamos acostumbrados a encontrarnos al momento de revisar las noticias con sucesos violentos como robos, abusos o crímenes, y nos tratamos de consolar diciendo ‘Dios quiera no me pase a mí’. Pero cuando se trata de un menor de edad abusado pensamos en nuestros hijos y automáticamente entramos en estado de negación y maldecimos por tanta injusticia, y nos preguntamos ¿por qué las leyes no pueden ser más duras con estos desalmados?

Una noticia que conmovió inmensamente en estos días es la de dos hermanos que fueron torturados y violados en Naranjal, que llegaron al hospital de la mano de su madrastra y presunta agresora, quien actuó en complicidad con el padre de las criaturas. El niño, de 6 años, llegó con quemaduras en el 80 por ciento del cuerpo y con signos de maltrato y, al aparecer, no fue siquiera interrogado por una trabajadora social para tratar de buscar una respuesta a sus lesiones.

Parecería que los hospitales públicos no trabajan con equipos interdisciplinarios porque de ser así, a la hora que hubiese entrado el pequeño a emergencia con signos de violencia, el doctor hubiese hecho el llamado de alarma al trabajador social o a un psicólogo para que estos se comunicaran de inmediato con la policía.

Los hospitales no solo deberían servir para entregar paracetamol y diclofenaco, sino también para identificar y proteger a toda persona que haya sido víctima de violencia. La estructura de la salud pública en Ecuador pide un cambio ¡a gritos!