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Opinión

Violencia y muerte, conectadas

La muerte por sicariato se está convirtiendo en el sello de los grupos narcodelictivos que tratan de tomar el control de su oscuro y dañino negocio en el país. Se mata en las calles como si nada. Y se mata, igual, en las cárceles, también como si nada. Muertes conectadas unas a otras por la lucha, de lo que se conoce, entre dos grandes bandas: Los Lagartos y Los Choneros.

A ellos se suman otras facciones menores: Tiguerones, Lobos y varias más. Algunas, en guerra entre ellas mismas; otras, unidas para atacar a quienes antes eran sus aliados... todo un caos por el poder.

La gran masacre carcelaria que se dio el martes 23 de febrero de este año ya alertaba de lo que sucedía. Solo ese día, que quedó registrado como uno de los más tristes y violentos en el sistema penitenciario no solo de Ecuador sino de Latinoamérica y el mundo, hubo 79 muertos, muchos de ellos de forma violenta: degollados, mutilados e incinerados. Y para colmo, como si fuera una película violenta, varios videos de este suceso fueron viralizados, haciendo de esto un hecho aún más vergonzoso para el Ecuador.

Esa fue la ‘explosión’ de una guerra que ya se venía dando desde mucho antes en las calles, con muertes selectivas permanentes, ataques entre bandas y más. Una situación que en las últimas semanas se ha extendido hacia poblaciones como Posorja, en la provincia de Guayas, y que mantiene a esta localidad en alerta y militarizada. Y el sábado y ayer, nuevamente la Penitenciaría de Guayaquil volvió a ser epicentro de esta guerra. Al Gobierno le toca ahora poner mano dura y frenar esta violencia. ¡Ya es hora!