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Cáncer de mama, la vida después del dolor

El cáncer de mama cobró la vida de 641 personas en el país el año anterior según las cifras presentadas por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Inec).

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El 19 de octubre es el Día Mundial de la lucha contra el cáncer de mama.Archivo

El cáncer de mama cobró la vida de 641 personas en 2016, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Inec). Esto lo convierte en la décimo segunda causa de muerte de mujeres a escala nacional.

De acuerdo al Registro Nacional de Tumores de Solca, el 24% de sus pacientes mujeres padece cáncer de mama. Sin embargo, el 96% de las diagnosticadas se salva, si se detecta a tiempo.

Este 19 de octubre, que se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama, EXTRA presenta los relatos de tres mujeres que superaron la enfermedad. Hablan sobre lo que llegó luego del dolor y cómo su vida tomó un nuevo sentido después de su lucha contra el cáncer. Estos son sus testimonios:

Renata Matamoros, periodista

“El diagnóstico llegó un 30 de enero, hace cuatro años. Tenía 39 años y mi hija, 13. Aunque nunca le dije directamente qué era, ella lo intuyó. Todo ocurrió en un fin de semana. Habíamos ido de viaje a unas cascadas y un amigo me dijo “oye, tienes algo en el pecho”; yo no le creí, pensé que era una broma... pero al tocarme, sentí una bola debajo de la clavícula.

Me hice exámenes y el médico me explicó lo que era; yo lo escuchaba pero no entendía. Él pronunciaba la palabra “cáncer”, yo no podía creerlo. Fue cuando empecé a perder el cabello que tomé conciencia: tenía cáncer de mama.

Cuando me lo detectaron tuve una mastectomía radical del lado izquierdo, luego llegó el tratamiento. No puedes imaginar lo que es una quimioterapia hasta que la vives. Vomitas, te duele el cuerpo entero, la boca te hormiguea, no puedes caminar, tratas de dormir para dejar de sentir.

Fueron dos años de tratamiento. Seis quimioterapias, 18 miniquimios y 36 radioterapias. Los primeros seis meses fueron los más duros, las miniquimios fueron más suaves, como tener un ‘trancazo’ terrible pero sin vómitos y sin que se caiga el cabello.

Una de mis primeras reacciones fue reclamarle a Dios: ¿Por qué a mí si yo soy buena? Pero la verdadera pregunta sería qué quería Dios que yo hiciera con esa enfermedad en el camino.

Dios y mi hija fueron mi fortaleza. Luego de la enfermedad, mi visión de la vida cambió. Aprendí a no dejar las cosas para mañana, a amarme a mí misma, a amar mucho más a mi hija. En dos ocasiones pensé que podía morir. Ahí vi que tenía tanto por hacer y rogaba a Dios que no me lleve.

Actualmente tomo tratamiento vía oral, porque sé que el cáncer puede volver en cualquier momento, tengo chequeos constantes y debo seguir el tratamiento de 5 a 10 años. No puedo decir “yo vencí el cáncer”, porque temo que regrese, pero sí puedo decir que “yo tuve cáncer”. Gracias a Dios estoy sana hoy, pero el sentimiento de temor me acompañará de por vida.”

Gabriela Aristov, ama de casa

“Siempre tuve una corazonada e iba constantemente al médico. Una noche, mientras estaba acostada empecé a tocarme el seno y sentí una bolita muy pequeña, pero lo dejé pasar. Después de varios días fui al médico, me hicieron exámenes, me dijeron que no era nada y me quedé tranquila.

Meses después volví a tocarme y la bolita se sentía más grande pero como me había realizado los exámenes, pensé que no era nada. Pasó un año hasta mi siguiente control y la bolita se convirtió en una masa. Dos días después de mi cumpleaños, mi seno empezó a latir, se sentía inflamado. Ahí empezó todo.

La doctora me dijo que era un tumor, me quedé helada. Mi madre trataba de alentarme pero los nervios le ganaban. Mi esposo fue un gran apoyo, si hubiera tenido a mi lado un hombre débil, los dos nos hubiéramos hundido. Entonces mis hijos eran pequeños, el menor tenía cuatro años cuando empecé a perder el cabello; le daba miedo tocarme la cabeza.

Fue un proceso muy duro y difícil, ya que no solo me abarcaba a mí, sino a todo mi entorno.

Cuando descubrieron mi cáncer ya estaba avanzado, los médicos me dijeron que ya tenía metástasis en los huesos entonces más que en los doctores yo deposité mi confianza en Dios.

Había días buenos y días malos. En ocasiones era inevitable pensar en la muerte porque la mente se vuelve tu peor enemigo. Otras veces me sentía animada, me centraba en mi familia y pensaba en el futuro.

Tras seis meses de quimioterapia vino la cirugía para sacar el tumor, siguieron 23 radioterapias y luego me sacaron los ovarios, fue casi un año de tratamiento.

Tenía metástasis en cinco lugares de los huesos de mi espalda, pero poco a poco todo se fue, desaparecieron de uno en uno. Hace dos meses acudí a revisión y mi doctor me dijo que ya no veía nada. Fue un milagro.”

Rocío Elvay, analista de sistemas

“Mi diagnóstico llegó hace cuatro años, cuando tenía 35. 15 días luego de un golpe en el seno me percaté de una bola. Me la extirparon, pero me dijeron que era maligna. Tenía cáncer.

Eran momentos difíciles para mí pues mi mamá tenía problemas de salud. Al escuchar por primera vez el diagnóstico me puse mal, lloré; pensaba que todos los que sufrían esta enfermedad morían, pero luego supe que podía salir adelante. En mi familia todos estaban preocupados pero luego su actitud cambió, tuve mucho apoyo.

Algunos no me creen pero yo aprendí a ver el lado divertido de las cosas. Cuando perdí el cabello y las cejas, me reía al verme al espejo. Intentaba ver las cosas con humor, cambiar de ‘look’ con mis pelucas. Un día era morena, cabello largo y el siguiente, rubia.

Mis hijos y mi esposo me apoyaron aunque los niños sabían que era cáncer de seno, quería darles tranquilidad. Cuando llegó el momento de realizarme la mastectomía les puse el ejemplo de Angelina Jolie, les dije que era por mi bien. Traté de ser alegre y tener confianza en Dios. Si ellos estaban bien, yo también.

Fueron dos años de tratamiento, ocho quimioterapias y 30 radioterapias. Luego de una terapia de vacunas, el cáncer estuvo controlado. La confianza en Dios nunca flaqueó y el poder tener una nueva visión de la vida me ayudó en este proceso.

Puedo entender a quienes padecen esta enfermedad, es común que todos te digan “tienes que tener buena actitud” pero no saben lo que en realidad pasas. Hay que sacar todo ese dolor y seguir luchando con fe en Dios.”