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¡Con el corazón en la zona cero!

EXTRA recogió información de las 28 víctimas del aluvión y hoy las recuerda como un homenaje a sus vidas.

DESLAVE
En esta parte, tras el aluvión, los rescatistas sacaron varios cuerpos que estaban debajo de los edificios.Angelo Chamba

Lunes, 31 de enero. El inicio de lo que sería la semana más negra para La Comuna y La Gasca, noroccidente de Quito. Un aluvión ‘devoró’ casas, carros y vidas. 28 muertos. El dolor une ahora a los familiares de los ‘caídos’ en aquella tragedia. Y EXTRA les rinde un homenaje reseñando lo que dejaron marcado en esta tierra.

Arranca la riada... El reloj se paraliza y junto a él la vida de las personas que juegan, miran o venden productos en una cancha de vóley, de otros que caminaban por la avenida La Gasca y de unos pocos que estaban en el interior de sus viviendas. Horas más tarde, la angustia acorrala a los familiares. Y entonces saben que están unidos por una misma tragedia.

Se agolpan a las afueras de la morgue. Desesperados. Desconsolados. Maltrechos. Enlodados hasta las canillas y otros con barro seco en parte de su rostro todavía. Buscan a sus familiares. Janeth Cañaveral y Lucía Simbaña solo querían retirar los cuerpos para llorarlos en silencio. La primera de ellas contó que su hermana Mariela Cañaveral y su cuñado Pedro Bayas fueron encontrados en la entrada de la escuela Domingo Espinar, cerca de un supermercado de la avenida La Gasca. Estaban juntos. Y se fueron cumpliendo una promesa que hace 23 años se hicieron: “Amarse hasta la eternidad”.

Hasta ayer había 52 heridos y las autoridades todavía buscaban a una persona.

“Quienes los vieron con vida nos contaron que se abrazaron cuando llegó la ola. Mi hermana estaba viva. Calientita todavía. Le di respiración boca a boca y me dio su último suspiro. Se me fue. Mi cuñado ya había muerto”, contó Janeth.

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Lucía Simbaña compartía el mismo vacío. El aluvión le arrebató a Margarita Navarrete. A su compañera y conviviente de 12 años. Para quienes la conocían, ella era la señora de las gelatinas.

Ella habló con Margarita justo cuando fue impactada por la avalancha de escombros y lodo. Lo recuerda. Le duele y cuenta que la llamó para decirle que pasaría por ella a las 20:00, como siempre lo hacía, para regresar juntas a casa. “Dijo que bueno, que vaya con cuidado y de repente oí un crujido y ella solo gritó “¡chuuuta!”. Se apagó el teléfono. Ya no supe más, hasta que llegué al sitio”.

El mismo oscuro y sinuoso sendero siguió Melani Panoluisa. Una joven, de 17 años, arrastrada desde la puerta de su casa, junto a sus padres. Ellos se recuperan, pero el cuerpo de la chica fue encontrado un día después, cerca de la avenida América.

Todas estas historias son diferentes, pero a los familiares los une ahora la misma tragedia.

Al siguiente día, en la morgue, continúa el calvario. Jhonny Bajaña se despoja del tapabocas y a través de un teléfono celular le confirma a alguien que las encontró y “están muertas”. Se arrodilla y al final se sienta en la vereda. Y dice que Leidy Guillén, de 31 años, y su hija, de 2 años, Kazumi Torres, quedaron enterradas.

Todas tienen una historia diferente. Algunos murieron como héroes, como Edgar Criollo, quien según su prima Janeth escapó del torrencial deslave, pero fue alcanzado por un segundo golpe de agua cuando rescataba a dos personas que estaban sumergidas en el inclemente río negro que bajaba por La Gasca.

Hay aquellos que ni siquiera sintieron la llegada de la muerte. Pero nadie los olvidará.