Joven asesinada y descuartizada fue sepultada

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Joven asesinada y descuartizada fue sepultada

Los familiares no quieren que el caso quede en la impunidad y anhelan que los responsables sean llevados a juicio. Las casas que estuvieron relacionadas con el crimen quedaron abandonadas.

diana cruz asesianda descuartizada

La música sonaba en los parlantes que algunos allegados tenían en los exteriores de la casa donde era velada. Con diferentes géneros y melodías se preparaban para despedirla y buscaban, al parecer, apaciguar el dolor que sentían.

Luego un guitarrista llegó y los equipos electrónicos fueron apagados, porque bastaban las cuerdas de su instrumento y sus dedos para entonar las notas que anunciaban que había llegado la hora de su partida.

Y fue así como el féretro en el que reposaban los restos de Diana Yuri Cruz Delgado, de 27 años, fue cargado hasta una calle empedrada del bloque 9 de Bastión Popular, en el noroeste de Guayaquil, para empezar el recorrido a pie hacia su última morada: el camposanto Jardines de Esperanza, ubicado a siete kilómetros de ese lugar.

El cofre mortuorio estaba envuelto en plástico para evitar que emanara los hedores provocados por el avanzado estado de descomposición del cadáver, que fue desmembrado y decapitado por sus asesinos, exactamente una semana antes del sepelio, en una casa del bloque 1B de Bastión Popular.

Ese lugar ahora permanece abandonado. Desde el día en que fue hallada la cabeza de la víctima nadie ha regresado, afirmaron la mañana de ayer algunos vecinos.

Sobre la fachada aún queda una cinta de seguridad que habían colocado los peritos, mientras que las puertas estaban aseguradas con candados.

En el portal, una mesa de metal estaba incrustada en la pared. Era en la que Leonardo Freddy Zavala Paredes hacía sus trabajos de soldadura, pues se dedicaba a la metalurgia. Él era cuñado de Diana y es uno de los principales sospechosos del asesinato.

Zavala, conocido como Cangrejo, se encuentra con prisión preventiva por este caso, al igual que su amigo Chuchín, cuyos nombres reales son Giovanni Florencio Peñafiel Mora, quien la noche del pasado domingo alertó a la Policía que en su casa estaba el tacho con los restos de la víctima (a excepción del cráneo). Ambos niegan haber matado a la joven, quien era madre de cuatro niños, de entre uno y nueve años.

La casa de Peñafiel, ubicada en el barrio El Manguito, del sector Sergio Toral, también seguía deshabitada.

Los lugareños aseguraron que él no tiene familia en ese sector y comentaron que solo sabían que se dedicaba a la mecánica, que nunca había estado involucrado en algún tipo de problema.

En su inmueble, a diferencia de la casa de Leonardo Félix, no había seguridades que impidieran el ingreso. Sobre la puerta había una cadena con un candado, pero este se encontraba abierto. No obstante, los moradores no se atrevían a pasar.

Un joven albañil que laboraba en un terreno esquinero, al lado de la vivienda, sostuvo que por instantes aún se sienten olores nauseabundos que saldrían de esa pequeña edificación de caña guadúa, rodeada de maleza, en la ladera de un cerro.

Verónica Sánchez, una lugareña, recordó que la madrugada del lunes arribaron al sector los agentes de la Dirección Nacional de Delitos Contra la Vida (Dinased), quienes aprehendieron a su vecino y también tenían en un patrullero a Leonardo Zavala, a quien aseguró nunca antes haber visto en el sector.

Y es lo mismo que dijeron la mañana de ayer algunos parientes de Diana Yuri, en su velorio.

Un joven, quien solo se identificó como hermano de la fallecida, comentó que ni siquiera sabía de la existencia del sospechoso y que apenas después del crimen se enteró que el sujeto había sido investigado por la muerte de su sobrina, Sabina Zavala, en marzo de 2017.

Después de decir eso no quiso hablar más del tema y expresó que la familia quería un momento de tranquilidad, para despedir en intimidad a Diana.

Amigas de la joven también llegaron al velorio. Estaban sentadas a unos tres metros del féretro, en silencio. Y cuando sacaron el cofre mortuorio a la calle se unieron al cortejo para dar el último adiós a la joven, cuyos familiares, antes de retirarse con los restos, repetían que harán lo posible para evitar que el caso quede en la impunidad, que no solo será uno más en las estadísticas.

¡No se sabe nada de Roxana!

En la versión que Leonardo Zavala rindió en la Fiscalía señala como presunta autora material del crimen a una mujer a quien identifica como Roxana. A ella, en ciertas partes de su declaración, la trata como conviviente y en otras como su excónyuge.

Además, primero la menciona con unos apellidos y luego con otros. Con ambas identidades no registra antecedentes penales, pero uno de esos nombres no existe en el Registro Civil del Ecuador.

Sin embargo, con los supuestos datos inexistentes hay cinco cuentas de la red social Facebook, pero con publicaciones antiguas.

En las imágenes de perfil aparece una mujer que coincide con las características de la fémina que aparece en la foto que Zavala tiene en su cuenta.

De ella, el sospechoso afirmó no saber nada desde que supuestamente la vio por última vez, en el baño de su casa, cuando habría acabado con la vida de Diana.

Pero en contra de Roxana no existe ningún proceso ni denuncia. Tampoco antecedentes penales.

El fiscal que estuvo a cargo de las diligencias preliminares, Errol Elizalde, de la Unidad de Flagrancia, explicó que durante las investigaciones se establecerá si hay o no más involucrados.

Ayer por la mañana un equipo periodístico de Diario EXTRA recorrió los sectores en los que fueron hallados los restos de la víctima y tanto en Bastión Popular bloque 1B, como en El Manguito, no hubo alguien que conociera a Roxana.

Su ubicación era un misterio, pero los investigadores la deben encontrar para determinar si lo que dijo Zavala es real o solo lo mencionó para desviar la atención, porque durante la audiencia en la que se le formularon cargos decidió atribuir la muerte a la mafia, sin precisar a quién o quiénes se refería, confirmó el fiscal Elizalde.