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Cuando la cama se enfría, nace la ayuda
Redacción Guayaquil
Juanito Alimaña, “con mucha maña, llega al mostrador”. Mientras ‘Sofía’, para camuflar su pena, intenta olvidar que “la calle es una selva de cemento”, desafía al infortunio con una sonrisa acaramelada y se agarra a una barra de estriptis al son de Héctor Lavoe. El salsero puertorriqueño, a golpe de secos trompetazos, despereza a los primeros clientes del ‘night club’ donde la sexoservidora labora esta semana.
“El mar crecerá con mis lágrimas”, decía Gabriel García Márquez en ‘La mala hora’. Pero en el mundo de ‘Sofía’, portovejense de 27 años, no hay tiempo para los lamentos. La joven debe exprimir la noche, redoblar esfuerzos y seducir con sus ojos de mora madura a todos los hombres que pueda. Le urge ahorrar plata para reconstruir el hogar de su familia, que se vino abajo en la capital manabita tras la sacudida del pasado 16 de abril. Sus dos hijas y sus padres, que ignoran a qué se dedica, dependen de ella.
“Gracias a Dios, nadie murió. Todos pudieron salir de la casa. Ahora necesito darme fuerzas. Tengo que seguir adelante. La catástrofe me dejó una lección de vida”, destaca estoica la joven, que se instaló hace seis meses en Guayaquil y vivió angustiada las horas posteriores al terremoto hasta que localizó a los suyos.
Al tiempo que ellos se recuperan del ‘shock’ en los domicilios de parientes y amigos, ‘Sofía’ y otras quince compañeras de su provincia, afincadas en el Puerto Principal, se han organizado para movilizar pequeños convoyes semanales de víveres, agua y pañales a algunas de las zonas más devastadas.