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¡Por el desempleo, prostituta!
Lleva apenas poco más de un mes en el ‘camello’. Llegó a un acuerdo con su pareja para que aceptara que ella se dedicará a ganarse la vida con ‘el oficio más viejo del mundo’.

Cataleya solo llegó hasta primer año de bachillerato y no sabe si retomará los estudios, su prioridad ahora es mantener a su hija y esposo.
Cataleya es prostituta porque se cansó de ser desempleada....
...Ella intenta ser sensual cuando se sostiene del marco de madera de la puerta de la habitación del chongo en el que trabaja. Lo hace sin demasiada soltura. La verdad es que el resto de mujeres que están allí lo hacen con más destreza por la experiencia. Quieren llamar la atención de los clientes de ese centro nocturno para adultos que funciona en algún sitio del cantón Milagro, provincia de Guayas.
Es guayaquileña. Aún no cumple los 20 años y ya viste una blusa transparente y una diminuta falda blanca que deja al descubierto una tanga que deja ver su espectacular ‘pompis’.
Ensaya miradas coquetas para seducir a alguien. Así intenta aprender ‘el negocio’ con el que cree cambiará la vida de su familia. Eso cree.
Su familia la integra su marido, un guardia de seguridad desempleado, y su niñita de 4 años. A él le tocó aceptar a la fuerza que su mujer se metiera en ese mundo el pasado 1 de agosto.
Ese día, al final, marcará un antes y un después en esa familia. Ese día Cataleya se metió “para parar la olla”.
¡Dura decisión!
Tomar la decisión de ‘vender’ su cuerpo a cambio de dinero fue complicada. Mucho. Al principio, su pareja se opuso, después, accedió. Ahora él se encarga del cuidado de la bebé, mientras ella se dedica a su ‘trabajo’.
“Con mi esposo no hablamos de mi trabajo, yo salgo de aquí, llego a mi casa y hablamos de cualquier cosa, menos de lo que yo hago aquí. Lo que sí me dijo es que no le cuente nada de acá”, expresa la joven, quien ‘camella’ desde las 10:00 hasta las 16:00.
Así la mujer viaja todos los lunes, viernes y sábado a ese cantón del Guayas para obtener los billetes que faltan en la casa.
Una amiga la convenció
A Cataleya no le aterra ejercer ese oficio, aunque reconoce que tampoco le gusta ni que era lo que tenía en sus planes ejercer.
Considera esta experiencia como “normal”. Sin embargo, es consciente de que ha tenido que hacerle frente a varias personas por ser prostituta.
Para evitar los prejuicios y comentarios que afecten a su familia, Cataleya halló esta oportunidad a más de 50 kilómetros de su casa. ¡Cerca, ni hablar!
La idea de involucrarse en este mundo nació por sugerencia de una amiga. Fue así como decidió viajar a ese sitio para conocer su lugar de trabajo.
En el poco tiempo que lleva en el chongo le ha tocado atender clientes de Milagro, Naranjito, Guayaquil, Quevedo y Babahoyo.
“En menos de un mes me hice 600 dólares”, reconoce. Sus ingresos mensuales más o menos ascienden a esa suma, la misma que recibía su pareja cuando era celador.
Y cuenta un ‘secreto’ del oficio: “A mí lo que me gusta es llamar la atención. Los clientes me buscan porque dicen que bailo bonito, me piden posiciones y yo los complazco. Pero de todo lo que piden, hay ‘algo’ que no les doy. Eso es solo para mi esposo”, dijo.
En el poco tiempo que lleva aún no le ha tocado atender clientes agresivos o cargosos.
Para ella la prostitución “no es buena ni mala”, sencillamente le tocó ejercerla por la crisis. Los sábados, cuando este centro se llena de clientes, Cataleya se hace hasta 25 ‘puntos’ de 10 dólares cada uno. Asegura que en días malos se retira a su casa con 80 o 90 dólares.
Esta es la realidad. Lo demás es lo demás...