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¡Su esqueleto se desarticula lentamente!
Hace mucho tiempo su salud empezó a decaer. Primero perdió la movilidad de sus brazos, luego la de sus piernas y ahora es su cabeza. Carlos Julio Ramírez, a sus 58 años, a veces llora como un niño.
Hace mucho tiempo su salud empezó a decaer. Primero perdió la movilidad de sus brazos. Luego la de sus piernas y ahora es su cabeza. Carlos Julio Ramírez, a sus 58 años, a veces llora como un niño. Se siente solo porque, a pesar que tiene familia, afirma que no lo visitan.
El hombre, cuando tenía un año de nacido, quedó huérfano de madre. Fue su abuelita quien siempre vio por él hasta que falleció. Su vida transcurrió en medio de los sembríos del recinto Las Ánimas del cantón Daule, en la provincia del Guayas. En uno de esos predios habitaba con unos amigos que lo acogieron desde el fallecimiento de su tutora. Y es allí donde se mantiene aquejado por una enfermedad que le ha restado fuerzas a sus extremidades y no le permite valerse por sí mismo.
“No sabemos qué mismo tiene, pero muchas veces se pone a llorar porque se ve sin apoyo familiar. Los 50 dólares que recibe del bono no le alcanza”, explica Elsa Quintero, una amiga que le brinda su mano diariamente.
Ella, lo único que pide a nuestros lectores es que la ayuden con una silla de ruedas para poder movilizarlo, y un collar cervical rígido para que pueda sostener su cabeza que se le guinda, como pesada piedra, hacia adelante.
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