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¡Perdió a su hija en un convento!

Todas las noches María Estela Torres lucha para conciliar el sueño.

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María Torres tiene fe en que encontrará a su hija.Richard Castro

Todas las noches María Estela Torres lucha para conciliar el sueño. El imaginar qué pudo haber pasado con su hija, a quien perdió hace 46 años tras dejarla en un internado, martiriza su vida.

Teme que por sus avanzados 75 años y las enfermedades que la rondan, en cualquier momento Dios la llame a su seno y se marche sin volverla a ver. La niña, que en aquel entonces tenía 8 años, fue ingresada en un convento de Azoguez, en la provincia del Cañar.

María nunca tuvo la intención de separarse de ella. Fue su esposo, su padrastro y su mamá, quienes la convencieron de que lo haga para evitar que le pase algo malo.

“Mi hijita no podía hablar, solo aprendió a pronunciar mamá y papá. De allí solo decía ah, ah, ah. Entonces, un día, cuando ella tenía como 8 años, mi padrastro y mi mamá fueron la casa a decirnos que como ya estaba grande y no sabía hablar ni gritar, cualquiera podía abusar de ella cuando quedaba sola con sus hermanitos. Nosotros nos íbamos a trabajar en sembríos, por eso a mi esposo le pareció bien hacer eso”, recordó.

Aunque no estuvo de acuerdo, cedió al pedido y llorando vio partir a su Adelina Concepción, pero con la esperanza de que un día, no muy lejano, volvería a tenerla a su lado.

Por aquel tiempo habitaba en Guarainag, en el cantón Paute. Allí, en esa parroquia rural de la provincia del Azuay, María Estela conoció a Luis Humberto Coyago Ávila, con quien se casó cuando apenas tenía 17 años.

Durante su matrimonio procreó 8 hijos. Adelina fue la tercera. Su discapacidad para hablar no sabe si nació con ella o la adquirió tras una fuerte caída que tuvo.

“Bajada del campo y a mi guagua la traía atrás en mi espalda cuando él me lanzó de un borde. La bebé cayó como 4 metros abajo y la verdad no me acuerdo si lloró o quedó inconsciente”, rememoró.

María Estela supone que tal vez en esa caída se golpeó y se lesionó algo en su cerebro que le impidió desarrollarse de formal normal, porque la infante, además de no hablar, también demoró en caminar. Lo hizo recién a los tres años, según el relato de su mamá.

A pesar de su sufrida vida, la azuaya siempre se mantuvo a lado del padre de sus hijos. “Pasé todo el tiempo corriendo y saltando de cerco en cerco para protegerme, y aunque temía por mi vida, por mis guaguas aguantaba todo.

Luis Humberto falleció el 22 de diciembre de 2012, a la edad de 74 años. Para María Estela, con su muerte todo quedó atrás. Lo único que siempre le censurará, aunque no esté en este mundo, es que no haya hecho nada para recuperar a Adelina.

“Yo sí fui a buscarla como a los seis meses después del ingreso, pero no me dejaron entrar. Sin embargo, de lejos pude verla que caminaba por el patio de la institución. En otra ocasión que acudí para retirarla, me informaron que estaba bien y que para qué me la iba a llevar”, recordó.

La madre siguió insistiendo para sacar a su hija del convento. Pero, la última vez que acudió le dijeron, según contó, es que la habían enviado a Quito.

Hizo todas las averiguaciones para localizarla. Se fue a la capital, dio con la casa donde supuestamente estaba, pero nunca nadie contestó a sus llamados. Hoy, han pasado 54 años y no sabe nada de su destino.