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La endogamia acecha al jaguar de Cerro Blanco

Son muchas las amenazas que ponen en peligro la supervivencia a largo plazo de los jaguares de Cerro Blanco, un bosque protector de 6.078 hectáreas ubicado a 16 kilómetros de Guayaquil, en la vía a la Costa.

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La reducción del hábitat, la caza, la minería y los incendios forestales figuran entre las amenazas que ponen en peligro la supervivencia de los jaguares.Cortesía

Son muchas las amenazas que ponen en peligro la supervivencia a largo plazo de los jaguares de Cerro Blanco, un bosque protector de 6.078 hectáreas ubicado a 16 kilómetros de Guayaquil, en la vía a la Costa. La reducción del hábitat, la caza, la minería, los incendios forestales... Pero hay una más difícil de contener, que no depende tanto de la habilidad humana para preservar este tesoro natural: la endogamia.

Los cruces entre parientes están dañando la genética del felino en la zona, ya que tienden a debilitar a las nuevas generaciones, a hacerlas más vulnerables ante posibles enfermedades. También aumenta el riesgo de que aparezcan malformaciones, igual que en el hombre.

En 2011, la última vez que se fotografió a un ejemplar en el bosque, algunos investigadores detectaron las primeras señales del problema. Según los expertos, el animal retratado tenía la cola “virada” y su tamaño era menor del habitual, apunta Paul Cun, técnico de biodiversidad en la Fundación Prob-bosque, que administra el lugar. Estos detalles fueron interpretados como un síntoma de un fenómeno que, para corregirse, exigiría llevar a cabo “ya” una investigación.

El problema es que la financiación exterior recibida por la entidad es más bien escasa, lo que limita la realización de posibles estudios. De hecho, desde hace cinco años ya no se monitorea la actividad de los jaguares. La fundación apenas cuenta con dos cámaras trampa, que no funcionan “muy bien”. “Si no tienes fondos, no puedes hacer investigación”, añade el especialista.

Pero hay otra alternativa que ahora mismo da esperanza a quienes luchan por proteger a estas veneradas fieras: la formación de un corredor biológico desde Cerro Blanco a la cordillera de Chongón-Colonche, donde posiblemente existan más ejemplares con los que tal vez podrían procrear. Un proyecto en el que la fundación lleva trabajando seis años, pero cuya materialización resulta complicada porque, cada año, la masa forestal que serviría para unir ambos puntos se va reduciendo por la actividad agrícola y ganadera. “Puedes hacer un estudio de cobertura vegetal, pero al año siguiente la información ya está obsoleta”, apunta Cun.

A su juicio, al mismo tiempo que se explora la iniciativa del corredor habría que llevar a cabo un censo poblacional en Cerro Blanco y Chongón-Colonche, es decir, comprobar cuántos felinos habitan en total (ahora mismo no hay datos precisos, aunque se cree que en Cerro Blanco al menos existen dos); cuál es su diversidad genética; en qué estado se encuentran... Pero para lograrlo harían falta “unas 40 o 50 cámaras trampa”, así como un biólogo ‘in situ’ de manera permanente. Y ahora mismo, la entidad carece de esos recursos.

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