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¿Qué hace un elefante marino en Ecuador?

Desde hace 15 años no se registraba la aparición de esta especie en territorio ecuatoriano.

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La última visita de un mamífero así ocurrió en el último fenómeno del Niño en 1998.Archivo

Un elefante marino se perdió en Ecuador y la culpa sería de los rezagos que dejó el fenómeno del Niño de comienzos del 2017. Acostumbrados a los climas extremadamente fríos, la corriente de Humboldt —un tipo de movimiento oceánico en el que emergen las aguas profundas y más frías— habría desorientado a la especie que recorrió 31 kilómetros entre los ríos Yaguachi y El Arenal.

Esa es la interpretación que hace Fernando Félix como biólogo marino. Él vio a la especie en el cantón del Guayas y le hace un cálculo aproximado a su musculatura: entre una a dos toneladas en sus cuatro metros de tamaño. Lo que significa que su peso en libras está sobre los dos millones —ni el más obeso de los humanos alcanza esa cantidad— El cuerpo del elefante es sobre todo grasa.

Un viaje con algunas hipótesis

Mario Hurtado es oceanógrafo y coincide con que actualmente “las corrientes del Sur se fortalecen y el mar está más frío de lo habitual”. Sin embargo, tiene dudas y propone más hipótesis de cómo un elefante marino terminó en la mitad del mundo.

“Otra posibilidad es que buscando comida se alejó demasiado”. También se plantea que lo hayan traído en una embarcación y se deshicieron de él en medio camino o simplemente, alguien lo mantuvo en cautiverio desde que era una cría pequeña. Hurtado no deja ninguna opción como definitiva.

La apariencia del animal no es similar a los elefantes terrestres. Científicamente a estos se los llama Mirounga y tienen el aspecto de una foca, cuatriplicada en peso y tamaño: unos cuantos pelos saliendo como bigotes y cejas, ojos negrísimos y una probóscide —trompa del elefante— que es lo que más sobresale en su cuerpo que termina en una cola tipo sirena.

Sin amor y sin playa

Estos animales pasan más del 90% de su vida en el mar. Solo suben a tierra por dos causas: reproducción y mudar de piel”, asegura Félix. Particularmente esta especie buscaba reproducirse y al estar sumergido en un río creyó que era el momento perfecto: “Ellos saben que donde hay deshielo el agua es más dulce y en esa zona pueden reproducirse”.

Por estas razones el biólogo marino considera que todo se centra en un mal entendido, entre el elefante y una señal ambiental de clima frío.

La presentación del paisaje que por estos días la especie (que no migra hacia este país y tampoco le sirve de tránsito), la retrata Hurtado: la diferencia entre el agua en Ecuador y del Polo Sur, es de aproximadamente 10 grados. Mientras que Ecuador tuvo 20.3 grados en el mar, de lado de Chile, esa zona era solo de 12.3 grados.

“Ellos son solitarios, no andan en manadas; a no ser que vayan a las playas y estén en grupos”, asegura Mario, quien al igual que Fernando, ya saben que al menos en 2017 el elefante no tendrá descendencia.

La especie que se pudo ver en Ecuador es la del Hemisferio Sur —solo existen dos clases y la otra es del Norte— y hace 19 años, según Félix, no se tenía registro de un elefante marino en aguas nacionales. Lo que tiene pendiente es recuperar la ruta que lo encauce a mar abierto.

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