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¡Pandilla, calle y acción!

El actor Jorge Beltrán confiesa a extra que formó parte de los ‘Chicos Malos’, un grupo conflictivo del cual logró salir. En su primer papel, curiosamente, le tocó interpretar a un peligroso muchacho.

Caso de superación, actor
Jorge Beltrán cambió las drogas y la delincuencia por la actuación.Fotos: Amelia Andrade / EXTRA

Solo el sufrimiento de su madre le hizo reaccionar y salirse de la pandilla. En los ‘Chicos Malos’ comenzó a consumir marihuana y base de cocaína; observó cómo se fabricaban las armas de fuego caseras; presenció robos; y enfrentó ataques de sus rivales.

Sentado en un desvencijado jeep que agoniza entre Carchi y O’Connor, en el sur guayaquileño, el actor Jorge Beltrán Portero echa la vista atrás y se sincera en EXTRA.

Aquel pasado turbulento es ya historia, aunque aún recuerda muchas de las señas que él y sus compañeros hacían para comunicar los códigos secretos del grupo. “Gracias a Dios, nunca llegué al extremo y logré salir a tiempo. Fue algo muy peligroso”, admite arrepentido.

Jorge ya ha cumplido los 50. Su frente, regada de arrugas marcadas, deja al descubierto unas entradas que no se esfuerza por disimular. Directamente las rapa al cero, como el resto de su cabellera. Hoy dirige un grupo de actores, y dedica la mayor parte de su tiempo a la producción y la grabación.

Pero el pasado siempre regresa. El suyo volvió en forma de oportunidad. Llegó en 1994, cuando ser actor era más una ilusión inalcanzable que una posibilidad tangible. Un amigo le comentó que estaban buscando extras para la serie ‘Pasado y confeso’, emitida por Ecuavisa. Curiosamente, el director, Carl West, que desconocía las andaduras juveniles de Jorge, decidió darle un papel de pandillero. Así obtuvo su redención personal.

La idea no le seducía, pero le resultó sencillo interpretar a aquel personaje. Y, en el fondo, era la oportunidad que tanto anhelaba.

West se quedó impresionado con su actuación y lo felicitó. Desde entonces, Jorge ha participado en numerosas películas, series y obras.

UN CAMBIO TRAUMÁTICO

Su padre, Aurelio Beltrán, trabajaba como pintor de brocha gorda; su madre, Julia Portero, de enfermera. Jorge se crió en el barrio Garay de Guayaquil, entre Alcedo y Leónidas Plaza, al son de Héctor Lavoe, el salsero compositor de Puerto Rico, y los pasillos del inmortal Julio Jaramillo.

El actor solloza contenido al rememorar el episodio que marcaría su adolescencia.

Él tenía 12 años cuando toda la familia se mudó a una “ciudadela privada” de Durán. “Privada de agua, luz y de todos los servicios básicos”, ironiza.

El traslado supuso un mazazo psicológico para él y su hermano, Wilfrido, quien huyó del hogar y no fue localizado hasta que pasaron tres días. De golpe, habían perdido a sus amigos, con quienes jugaban pelota; ya no veían a diario a sus tíos y sus primos...

Cada día era un suplicio para el chico, que lloraba constantemente. Aquel lugar era un desierto de tierra, lleno de viviendas de caña. Y él, aunque humilde, estaba acostumbrado a las comodidades y el bullicio de la ciudad. “En definitiva, aquello era una invasión”, atestigua.

Compraban el agua a los tanqueros, que solo paraban a cuatro cuadras de su domicilio. Había tal necesidad que los vecinos a menudo se peleaban por un tanque. Y transportarla era una tarea titánica. Jorge y Wilfrido cargaban el tanque hasta el camión y, como les resultaba imposible llevarlo lleno de vuelta, extraían el agua en baldes y hacían tantos viajes como fuera necesario hasta vaciar el depósito.

Las Navidades, lejos de despertar su alegría, los sumían en la tristeza. Las calles, con el invierno, se convertían en un lodazal intransitable. De modo que debían pasar días enteros recluidos en casa. “Mi hermano y yo nos poníamos a jugar pelota, trepados en la cama”, señala.

A los 15, desmotivado y sin rumbo, él y sus amigos del barrio formaron la pandilla ‘Chicos Malos’, donde fue un miembro “activo”. Hizo cosas “menos matar”.

Un año más tarde, un día mientras entrenaba fútbol con su equipo, el Boca Juniors de Durán, integrantes de una agrupación contraria a la suya lo apedrearon. Él corrió, pero sintió “vergüenza” porque los técnicos presenciaron la reyerta.

Además, los vecinos hablaban a menudo con su madre, a quien le contaban que estaba sumergido en la droga. Ella no hallaba consuelo. “En mi conciencia sabía que obraba mal. Fui la oveja negra de mi familia, pero logré salir cuando cumplí diecisiete”, confiesa el actor.

Un encuentro casual con un excompañero del colegio Vicente Rocafuerte, donde estudiaba hasta que se marchó del Puerto Principal, le mostró la salida. El muchacho le reprendió sin piedad. Jorge, por dentro, sintió un sacudón. Ahí se dio cuenta de que debía hacer aquello que más le había atraído desde chico: actuar. Sin dudarlo, se inscribió en algunos talleres.

En 1993, intentó matricularse en arte dramático. Pero la Universidad de Guayaquil había suprimido la carrera “por falta de profesores”. De modo que apostó por Comunicación Social, cuyo título de licenciado lo obtuvo en 1998.

EL GRUPO

Jorge, padre de dos hijos y abstemio declarado, es el director de la compañía Maravilla JB desde hace once años. Y desde el pasado 10 de septiembre, graba ‘La Realidad, una serie de historias urbanas y escaso presupuesto. Ya lleva 14 entregas: la de un joven que antaño había sido trans, la de una mujer que intentó suicidarse... “Soy ratero”, suelta entre risas cuando se le pregunta acerca de si tiene algún trabajo fijo. Explicó que por ratos hace carreras en su carro para tener ingresos.

También imparte talleres a jóvenes y adultos: “La profesión de actor es sacrificada. No hay apoyo, nosotros mismos sustentamos los gastos”. En Maravilla JB, cada integrante aporta lo que pueda. Utilería, ropa, maquillaje, escenarios, alimentación...

APOYO

El grupo necesita auspiciantes, ya sean empresas privadas o instituciones públicas, para llevar a cabo sus proyectos y mantenerse. Quienes deseen colaborar pueden llamar al 099-4640056.

LEA ESTA HISTORIA COMPLETA EN LA EDICIÓN IMPRESA DE EXTRA.