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¡Nadie tumba al helado seco!

De saquito dominguero, camisa de cuello y cachucha, con 88 años a cuestas, arriba Juan Gabriel Cerón, uno de los inventores de los legendarios helados secos.

Helados secos

Ocho de la mañana, estadio Olímpico Atahualpa. En el campo, un partido de segunda división. Los gritos de los jugadores, los reclamos al juez y las instrucciones de los DT se escuchan claritos. De saquito dominguero, camisa de cuello y cachucha, con 88 años a cuestas, arriba Juan Gabriel Cerón, uno de los inventores de los legendarios helados secos. Despliega sus brazos, que muestran la inmensidad de un estadio vacío.

Con solo 12 años, hacia 1941, emprende con una carreta donde, sobre pajas y hielo de agua, monta una paila y produce helados de mora, que vende recorriendo San Blas. Su primera ofensiva es llegar al estadio El Arbolito.

Allí, en la puerta, los hinchas vuelan con su golosina. “Aucas era el rey y los partidos con Titán, Gimnástico o Sacramento repletaban las graditas. ¡Se veía buen fútbol!”, recuerda emocionado.

Al inicio, Juan Gabriel trabaja junto a Humberto Pérez, un amigo de La Tola. En torno a 1945, aparece el hielo seco, un invento que revoluciona el naciente negocio.

Los dos amigos crean un exótico helado con él y sueñan un futuro promisorio: la “exportación”. El próximo objetivo es llevar su producto al sediento mercado de la Costa. Santo Domingo, Chone, Portoviejo, Guayaquil, Vinces. “¡Se vendía todo!”, evoca plácido.

Diez años más tarde, un 25 de noviembre de 1951 en Quito, asiste a la apertura oficial del inmenso Atahualpa y los helados secos ascienden a primera división. Juan Gabriel encara el desafío de acceder al flamante estadio.

“Al principio, los guardias me dejaban llegar con mi carretita solo hasta la puerta. Luego, el gerente de AFNA (Asociación de Fútbol No Amateur de Pichincha), bajo la presidencia de Jaime del Castillo, me invitó a vender dentro. Unos diez años después se creó la Asociación de Vendedores, establecimos un derecho de venta y tuve hasta 40 heladeros en todo el Atahualpa”, atestigua.

Su producto se ha consagrado junto a las guatitas, las papas con cuero y las memorables empanadas de morocho.

“Las grandes marcas han intentado entrar, por afuera andan. Pero tengo la bendita preferencia del hincha. Empezamos a vender en sucres, desde 25, 50, 65 y 80 centavos. Luego soportamos la dolarización, a 75 centavos. Y desde hace unos cinco años, a dolarito el helado”, precisa.

(Lee la historia completa de José en la edición impresa de Diario Extra)