Faenas peligrosas en el golfo de Guayaquil

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Faenas peligrosas en el golfo de Guayaquil

Pescadores temen por sus vidas cada vez que salen en búsqueda de corvinas, pues los 'piratas' los acechan para despojarlos del producto conseguido.

Foto de Sistema Granas (6864473)
Los pescadores de Puná temen ser víctimas de la delincuencia.Álex Lima

Los pescadores de Puná zarpan a sus faenas diarias con dos objetivos: atrapar corvinas y regresar con vida. El primero, porque de ello obtienen el sustento para la economía de sus hogares; el segundo, porque temen ser víctimas de un ataque de parte de delincuentes a los que denominan ‘piratas’ del golfo de Guayaquil.

Es por eso que algunos jornaleros han formado sus propios grupos de seguridad, como en el recinto La Concordia. “Nosotros mismos nos defendemos, porque no tenemos apoyo de nadie (...). Nos juntamos en al menos 40 pangas y tenemos nuestras radios para comunicarnos”, explica el pescador Omar Yánez.

Él fue una de las personas que el pasado 7 de julio participaron en la aprehensión de tres de los cuatro individuos que atacaron la embarcación del puneño Christian Damián Sócola Sánchez, de 35 años, quien aquel día había conseguido capturar con sus redes una gran cantidad de corvinas.

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La corvina de Puna es muy apetecida por su gran tamaño.Cortesía

Yánez precisa que los pillos no iban por la lancha ni por el motor, sino por la pesca, pues ese es el principal motivo de los delitos en la zona, que se cometen bajo diferentes modalidades (ver infografía).

Santiago León, pescador de Puná Baja, añade que la corvina que se consigue en el sector es una especie de tesoro, porque debido a su tamaño los ejemplares superan las diez libras y eso genera que su rédito sea alto con menor cantidad de peces.

“Ahorita la libra está barata, a $ 2,40. Con dos corvinas de 10 libras saco 48 dólares. Con eso tengo para combustible y la comida”, comenta, pero sostiene que existen épocas en las que no es fácil conseguirlas y eso conlleva un incremento de robos.

León cuenta que hace aproximadamente tres años, pescadores de PuertoBolívar, Machala, llegaron con una técnica que han adoptado para encontrar los lugares por donde se desplaza el anhelado producto. Se trata del uso “de un tubo sellado por un lado. Se lo mete en el agua y se escucha claramente si hay peces. Con esa confirmación, tiramos las mallas”, describe.

Y esa relación que surgió entre porteños y puneños ha motivado a que los pescadores orenses viajen en grupos de no menos de 500 a realizar sus faenas en las cercanías de la zona norte de la isla.

Sin embargo, con ellos también llegó un problema: la ‘piratería’. ¿Por qué? Lo dice Wendy Álvarez, presidenta parroquial de Puná: “Lamentablemente, entre los pescadores de Puerto Bolívar vienen también a nuestro territorio personas que se dedican a delinquir, a asaltar a los nuestros”.

“Obviamente no son todos, pero entre ellos se mezclan para pasar inadvertidos. Incluso, duermen en la isla, en sus embarcaciones”, acota Santiago León.

Nicolás Sánchez, presidente de una asociación local de pescadores, manifiesta que aunque los delincuentes sean pocos, llevan ventaja porque “están armados; nosotros, en cambio, no tenemos ninguna herramienta para defendernos”.

LOS ACECHAN

Nicolás Sánchez y la presidenta parroquial coinciden en que los pescadores locales y de las comunas cercanas son acechados por los ‘piratas’. Álvarez indica que ha expuesto el problema de la inseguridad no solo a través de oficios o reuniones, sino también a través de redes sociales, para que su clamor llegue a conocimiento de las autoridades correspondientes.

“Ni siquiera tenemos una lancha para patrullaje. Y somos una isla de 17 mil habitantes”, se cuestiona.

Los cuerpos arribaron al Comando de Guardacostas la noche del martes. Luego fueron llevados al Laboratorio de Criminalística.

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Para Sánchez el problema no sería la falta de militares, sino específicamente la falta de recursos. “En el retén naval pueden tener toda la buena voluntad, pero si no tienen en qué salir, ¿de qué sirve?”.

“Se ha perdido el control. A nuestra isla llega mucha gente con antecedentes penales”, concluye Álvarez.