Amos sin amor se deshacen de sus gatos en las universidades

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Amos sin amor se deshacen de sus gatos en las universidades

¿Tienes mascotas y te estás quedando sin presupuesto para ellos? Pues abandonarlos no es la mejor idea. Las universidades tienen problemas para controlar esta población. Se hace un llamado a la concientización.

Los compañeros de cuatro patas suelen terminar sin hogar por decisión de sus propios amos. Un día los quieren y al siguiente no. O eso parece. La Escuela Politécnica del Litoral (Espol) y la Universidad de Guayaquil son de los campus universitarios más extensos en la ciudad y por lo tanto, los mayores testigos de estos abandonos.

La población gatuna de la Espol es de 135. En la Estatal llega a aproximadamente 300. La persistencia en deshacerse de ellos en estos espacios ha obligado a que se creen grupos para controlar su incremento e incentivar las adopciones. Aun así, los esfuerzos no alcanzan.

El Grupo Protector de Animales Claudia Poppe (GPA) de la Espol viralizó uno de los últimos casos de abandono: 4 gatos fueron dejados en un cartón. La prueba que tuvieron fue un video del carro de las personas que lo hicieron. Según Johanna Zambrano, del GPA, tener esta evidencia los incentiva a poner la primera denuncia por estos casos.

“En la mayoría de los abandonos, encontrábamos a los gatos en cajas ya cuando las personas se habían ido”, relata Zambrano sobre los rescates que obligadamente han tenido que hacer. Luego, es el voluntariado estudiantil el que ha ayudado a encontrarles nuevas casas a estos animales.

Además del GPA, en este tratamiento de gatos rescatados, interviene la unidad de Bienestar Estudiantil. María de los Ángeles Rodríguez es parte de ese equipo y asegura que se trabaja en un programa integral para las colonias de gatos que incluye: “Censo, esterilización, adopción y políticas para evitar el maltrato animal de los animales silvestres y domésticos”.

Entregar gatos esterilizados hace más atractivas las adopciones. Es por eso que de los 50 gatos que se calculan se abandonan anualmente en el campus Gustavo Galindo, el 60 % sí consigue hogar. Aunque uno de los últimos cuatros gatos dejados en una caja, sigue en riesgo: tuvo dos abortos y está en busca de nuevo dueño.

Esa realidad se multiplica en la Universidad de Guayaquil y Georgia Mendoza, quien es docente de la facultad de veterinaria e inauguró un programa de gatos en 2016, sabe que terminar con el problema de abandonos es casi imposible.

“No se puede hacer nada porque la ciudadela universitaria es demasiado grande. En cualquier momento alguien puede llevar un gato escondido y dejarlo ahí tirado”, cuenta Georgia, quien junto a sus alumnos ha logrado esterilizar a un cuarto de la población gatuna que hasta allá llega.

Quienes dejan a sus mascotas en la U son públicos diversos. Según Mendoza se ha identificado que son personas ajenas a la universidad, estudiantes o personal administrativo. “Dejan más que nada gatos, pero hemos tenido dos perros que aparecieron hace más o menos unos tres meses”, precisa y aclara que así ya son 7 canes los que rondan por los predios universitarios.

El campus principal, sin embargo, no es el único afectado. Los gatos también llegan en cantidad a la Facultad de Comunicación Social (FACSO), ubicada en Mapasingue Este. Tatiana Cevallos es alumna de séptimo semestre y ya se conoce la táctica: “Aprovechan la tarde y noche porque no hay afluencia de muchos chicos. Entre 16:00 a 18:00 los dejan botados”.

Según Cevallos, cada vez aparecen más gatitos porque siguen reproduciéndose. Eso, a pesar de que hay una profesora que se encarga de alimentarlos, conserjes que los cuidan y estudiantes que terminan adoptándolos.

Ante esto, Mendoza insiste que la única ‘arma’ que les queda es la concienciación: “Decirles que no deben dejar abandonados los animales, aunque también depende de la responsabilidad de cada persona”.

El otro recurso que tienen es que los guardias estén más atentos, pero de nuevo, la extensión de la U deja muchos lugares sin observación permanente. Es ahí donde los amos sin amor aprovechan para desentenderse de sus mascotas.